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domingo, 3 de abril de 2011

edith piaf & théo sarapo*: a quoi ça sert l'amour? (un film de louis clichy)




*Georges Perec le dedica uno de los 480 recuerdos que recoge en su Me acuerdo (el 327 concretamente) a Théo Sarapo. Me acuerdo de Théo Sarapo escribe. Y la verdad es que yo también (es un personaje adorable). Fue el último gran amor de la cantante francesa Edith Piaf. Se conocieron en 1962. Ella tenía 47 años y él 26. De origen griego, reguapo y peluquero de profesión, cambio su nombre real (Théopanis Lamboukas) por el de Théo Sharapo (que en griego significa te amo) por deseo de su amada. Edith Piaf lo convirtió en cantante y a dúo interpretaron temas como éste A Quoi Ça Sert L´Amour? (¿Para qué sirve el amor?), que sirve de excusa a Louis Clichy para realizar este corto de animación tierno tierno y bonito a rabiar que vi hace algún tiempo y me gustó mucho (pinchando aquí, un vídeo con ellos de carne y hueso interpretando esta misma canción). Acompañó a Edith Piaf en sus últimos años, sosteniéndola, literalmente, en el escenario y en la vida. A su muerte en 1964 fue nombrado su heredero universal, heredando, en realidad, una importante cantidad de deudas. A partir de aquí las versiones sobre él difieren. Por un lado están quienes lo presentan como un hombre enamoradísimo y dolorido que, una vez satisfechas todas las deudas heredadas, se suicidó estrellando su coche en 1970 y por el otro están quienes niegan la mayor: su enamoramiento, su dolor, su pago de las deudas, su suicidio. Yo me quedo, de todas todas, con la primera versión (puede que el amor se pueda fingir medio bien, pero disimularlo es prácticamente imposible; para lo primero sobra con saber mentir; lo segundo exige un tributo de dolor muy alto). Fue enterrado junto a la cantante en el cementerio de Père-Lachaise. Y ahí seguirán los dos (digo yo).


sábado, 2 de abril de 2011

un recuerdo de georges perec*


179

Me acuerdo que el día después de la muerte de Gide, Mauriac recibió este telegrama: El infierno no existe. Suéltate el pelo. Stop. Gidé.**


*de su Me acuerdo (Je me souviens). Perec dice de ellos que: Los Me acuerdo son pequeños pedazos de cotidianidad que fueron vividos y compartidos y luego olvidados. Sin embargo, de repente regresan, por azar o porque han sido buscados entre amigos una noche: es algo que aprendimos en el colegio, un campeón, una canción, un cantante, un escándalo, un slogan, un traje o una costumbre, totalmente banal, que por un milagro es arrancada a su insignificancia y es reencontrada por unos instantes, provocando unos segundos de una impalpable y pequeña nostalgia.


**Aquí encuentro que Gide y Mauriac, los dos Premio Nobel, no dejaron de polemizar durante décadas. Edgardo Cozarinsky recoge en su libro Museo del chisme que cada vez que Gide viajaba al norte de África y se acostaba con algún joven acostumbraba a confiarle que él era un hombre muy conocido en Francia, un escritor famoso, y que sería bueno para el muchacho tener su nombre bien presente a la hora de establecer contactos íntimos con otros ocasionales turistas sexuales europeos: No te olvides: diles que estuviste con François Mauriac (tremendo teniendo en cuenta que Mauriac no era homosexual y sí un ferviente católico). Y también recoge la historia a la que se refiere Perec en su Me acuerdo de que el 20 de febrero de 1951, un día después de la muerte de Gide, Mauriac recibió un telegrama que decía textualmente: L’enfer n’existe pas STOP Tu peux te dissiper STOP Préviens Claudel STOP Signé: André Gide (El Infierno no existe STOP Podés relajarte STOP Avisale a Paul Claudel STOP Firmado: André Gide). Desechada la autoría del propio Gide, el telegrama ha sido atribuido a varias personas como Jean-Paul Sartre o Anne Marie Cazalis o (al que parece más probable) Roger Nimier.