miércoles, 12 de octubre de 2011

loquillo y trogloditas - la mala reputación*



*una buena canción para hoy (porque en la fiesta nacional yo que me quedo en la cama igual, que la música militar nunca me supo levantar...); he dudado entre la original de Brassens, la de Paco Ibañez, y la del loco (que es la que me ha cuadrado más por aquello de rocanrolear un poco y porque soy muy fan). Y la verdad es que todas son buenísimas.

sábado, 8 de octubre de 2011

días tristes


Ayer fue un día triste (amarillo, sí, aunque en Logroño llovía). Poco antes de comer nos enterábamos de que Félix Romeo nos había dejado. Y lo cierto es que por aquí le queremos mucho y le echaremos de menos. Sé que pasa lo mismo allí y allí y allá y más allá (disculpad que sólo enlace estos textos a pesar de que hubo y habrá muchísimos más igualmente hermosos) y sé que todo ese afecto es merecido porque para mí una de las cosas que lo caracterizaba especialmente era su gran capacidad para transmitir afecto sincero y, también, la sensación de que sin duda era merecedor de recibirlo en la misma medida.


La verdad es que tengo bastantes recuerdos suyos y en ellos él siempre es generoso, cálido, cariñoso y divertido. Y en ellos siempre hay libros y/o comida y bebida, palabras y risas, un montón de risas. Las mejores cosas. Sé que no alcanzo a comprender lo que supondrá la pérdida de alguien como él para sus seres más queridos, para su familia, para su compañera, para sus íntimos amigos, si nos duele así a nosotros, que sólo le veíamos y hablábamos de vez en cuando.

Ojeaba anoche sus libros sin una pretensión clara; releyendo en diagonal, poniendo su voz a esas letras, y en Discothèque encontré esto: En el brazo de un legionario leí ilusión en la vida sin ninguna realidad. Lo tenía tatuado en su brazo en forma de boca. Fuera lo que fuera aquello, no le había servido de nada. Allí en África, o el purgatorio, el país del viento y de la locura. Y no sé por qué, pero esa frase confusa tatuada, que puede ser muchas cosas a la vez, me recordó a él, a ese tremendo amor por la vida que transmitía a pesar de que su inteligencia de ninguna manera le permitía escapar de todo lo absurdo, lo cruel y lo oscuro del mundo. Y eso tiene mucho mérito.

Quisiera mandar un abrazo enorme para todos los que te quieren que sé, no puede ser de otra manera, que son muchísimos. Y también para ti, allá donde estés, y con él mi agradecimiento por todo tu afecto y esos buenos ratos que nos regalaste. Hasta otra, amigo.

jueves, 6 de octubre de 2011

las cosas (y esas cosas)*





*Pues que andaba yo pensando en las cosas. Las cosas, que resulta que a veces son lo más, como partes casi físicas de nosotros mismos, y otras, sin embargo, pues nos resultan poco importantes o al menos no tanto como podría parecer. Un ejemplo. El jueves (hace justo ahora una semana, en la que también he padecido fiebre y otras desventuras... sí, sí, voy cubierta de gloria amiguitos) me robaron mi ordenador personal con un montón de textos, fotografías (ninguna como la de Scarlett ni como la de Berto, gracias adiós), proyectos varios, poemas (y lo que no son poemas) inéditos etc. etc. etc. ... y un montonazo de documentos del trabajo y también detalles y pequeños regalos internáuticos y muchos más asuntos en los que no quiero ni pensar ni entretenerme porque sufro (y os estoy contando lo contrario). Todo eso. Lo que viene siendo una señora violación de mi intimidad en toda regla (eso sí que es violar la intimidad de alguien y no que el facebook permita que mis amigos vean que algunas veces escucho, qué sé yo, a María Jiménez en el Spotify, que seguramente también, vaya, pero que no es para tanto). Total, que un disgustazo (¡como para no! ¿y no tenías copia de seguridad? norl, norl, norl de todo ni de casi nada, ¡pero estás boba! sí sí sí y un millón de veces sí, boba hasta el fin, como delfín). Bien. Pero al final el drama no ha sido para tanto. Sigo. Las cosas. Osea, que estas cosas no eran para mí tanto tantísimo como podía parecer o también puede ser que haya alguna otra cosa mucho más importante, tanto, tanto, que ha conseguido que me olvide de todas esas. Y sí. La hay. Y va creciendo poquito a poquito (y desde luego que no es una cosa).


Retomo. Las cosas. Que a veces, sin embargo, son lo más. Anteayer escuchaba a Enrique en Sopa de poetes (encantadores, divertidísimos, hicieron que se me pasara la hora volando; por cierto, que la entrevista a Enrique, y otras muchas más, se pueden escuchar aquí) y claro, en una hora hablaron de un montón de asuntos, entre ellos de cómic y de la posibilidad incluso de que a Enrique le pudiera dar por dibujar otra vez. Y resulta que Enrique y yo tenemos ahora una cosa (que ya he dicho que no es una cosa) muy muy importante (la más) a medias y hay que ir haciéndole hueco para él (o ella) y para sus cosas. Y Enrique tiene muchas cosas (entre ellas un millón de tebeos que me han hecho muy feliz muchas veces) y yo las trato a veces como si sólo fueran cosas y no "sus cosas".


Y no sé por qué pero pensando en Enrique, en sus cosas, en sus tebeos, en el ser que está en camino, en todas nuestras cosas que serán suyas (las que quiera) y en todas esas cosas que él elegirá como suyas y que le harán temblar de emoción como al niño de la viñeta que acompaña estas líneas (que es el niño Carlos Giménez antes de ser el dibujante Carlos Giménez) y en todo eso; resumiendo, pensando en todo eso a la vez, me ha venido a la cabeza esta viñeta (que yo no recordaba así exactamente pero que sin duda era ésta) de la maravillosa (y tremenda y dura y emocionante y verdadera y terrible y hermosa y necesaria y obligatoria y... seguiría pero lo dejo) Paracuellos del citado Carlos Giménez (que parece ser que será una peli en breve). Esta viñeta y no otra; esta, que representa tan bellamente la emoción de lo que uno siente como propio, de lo que a uno le hace feliz, de lo que a uno le construye y le hace ser uno mismo y le salva y le permite escapar de la gravedad del mundo, de sus aristas, de sus asperezas; esas cosas que son (y le robo un verso a Karmelo Iribarren) un leve guiño de luz hacia la sombra. Todo eso. Que, sin embargo, no dejan de ser solamente cosas.

martes, 4 de octubre de 2011

los enemigos - septiembre



... porque este año octubre también es septiembre

sábado, 1 de octubre de 2011

un poema de ted hughes


Septiembre

Vemos la oscuridad cernirse lenta:
no la miden relojes.
Cuando besos y abrazos se repiten
desaparece el tiempo.

Es verano. Las hojas cuelgan quietas:
a mi espalda una estrella,
bajo un brazo sedeño un mar me dice
que ya no existe el tiempo.

Las hojas no midieron el verano
ni hacen falta relojes,
sólo tenemos lo que recordamos:
minutos que nos llenan la cabeza

como a esos reyes desafortunados
que el populacho acosa,
mientras, lentos, los árboles reflejan
sus copas en el charco.