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jueves, 22 de marzo de 2012

cosas que le diré a la niña que está en camino*




para helena

el dinero no importa
seré inmortal mientras me quieras
si no te es dado encontrar fácilmente tu camino
no desesperes:

no es poca misión amar

*Este es el poema que he leído esta mañana en el IES Batalla de Clavijo de Logroño, que ha tenido a bien invitarme al maratón poético que celebran cada año para festejar el Día Internacional de la Poesía. Puede que escribir sea una de esas cosas que desaconsejar a las embarazadas (algo así: no bebáis, no fuméis, no comáis por dos sino para dos y, por favor, huid como de la peste de escribir poemas). Puede, digo, porque en estos meses de embarazo he alcanzado unas cotas de moñez fascinantes. Esto es, yo soy bastante moñas de por sí. Me suelen rescatar de ahí un poco los alcoholes y cierta querencia a cierto macarrismo, pero tanto mes de abstinencia y tantas cositas pequeñas y de colores suaves y tanta ternura generalizada a mi alrededor, pues han traído consigo, como decía, unos niveles de moñez altísimos; y  con ellos, cantidades bastante considerables de poemas moñas (como aquel eslogan del Partido del Karma Democrático, PKD, que decía "el voto inútil, el voto como tú", pues igual: "el poema moñas, el poema como yo"). Casi todos fenecerán sin conocer otro aliento que el mío propio, pero este no. Este me gusta. Fuera rollos, el poema que me hubiera gustado leerles  a todos esos chicos y chicas (el poema que me hubiera encantado ser capaz de escribir para esta mañana) es este de Roque Dalton. Para nada creo que quienes perseveramos en esto de escribir, con mayor o menos fortuna, poesía, tengamos que estar constantemente justificando por qué lo hacemos. Pero si yo tuviera que hacerlo, si tuviera que explicar por qué escribo, me gustaría saber decirlo así:

Preguntarán qué fuimos,
quienes con llamas puras les antecedieron, a
quienes maldecir con el recuerdo.

Bien.
Eso hacemos:
custodiamos para ellos el tiempo que nos toca.

(La fotografía es de Robert Doisneau)

jueves, 6 de octubre de 2011

las cosas (y esas cosas)*





*Pues que andaba yo pensando en las cosas. Las cosas, que resulta que a veces son lo más, como partes casi físicas de nosotros mismos, y otras, sin embargo, pues nos resultan poco importantes o al menos no tanto como podría parecer. Un ejemplo. El jueves (hace justo ahora una semana, en la que también he padecido fiebre y otras desventuras... sí, sí, voy cubierta de gloria amiguitos) me robaron mi ordenador personal con un montón de textos, fotografías (ninguna como la de Scarlett ni como la de Berto, gracias adiós), proyectos varios, poemas (y lo que no son poemas) inéditos etc. etc. etc. ... y un montonazo de documentos del trabajo y también detalles y pequeños regalos internáuticos y muchos más asuntos en los que no quiero ni pensar ni entretenerme porque sufro (y os estoy contando lo contrario). Todo eso. Lo que viene siendo una señora violación de mi intimidad en toda regla (eso sí que es violar la intimidad de alguien y no que el facebook permita que mis amigos vean que algunas veces escucho, qué sé yo, a María Jiménez en el Spotify, que seguramente también, vaya, pero que no es para tanto). Total, que un disgustazo (¡como para no! ¿y no tenías copia de seguridad? norl, norl, norl de todo ni de casi nada, ¡pero estás boba! sí sí sí y un millón de veces sí, boba hasta el fin, como delfín). Bien. Pero al final el drama no ha sido para tanto. Sigo. Las cosas. Osea, que estas cosas no eran para mí tanto tantísimo como podía parecer o también puede ser que haya alguna otra cosa mucho más importante, tanto, tanto, que ha conseguido que me olvide de todas esas. Y sí. La hay. Y va creciendo poquito a poquito (y desde luego que no es una cosa).


Retomo. Las cosas. Que a veces, sin embargo, son lo más. Anteayer escuchaba a Enrique en Sopa de poetes (encantadores, divertidísimos, hicieron que se me pasara la hora volando; por cierto, que la entrevista a Enrique, y otras muchas más, se pueden escuchar aquí) y claro, en una hora hablaron de un montón de asuntos, entre ellos de cómic y de la posibilidad incluso de que a Enrique le pudiera dar por dibujar otra vez. Y resulta que Enrique y yo tenemos ahora una cosa (que ya he dicho que no es una cosa) muy muy importante (la más) a medias y hay que ir haciéndole hueco para él (o ella) y para sus cosas. Y Enrique tiene muchas cosas (entre ellas un millón de tebeos que me han hecho muy feliz muchas veces) y yo las trato a veces como si sólo fueran cosas y no "sus cosas".


Y no sé por qué pero pensando en Enrique, en sus cosas, en sus tebeos, en el ser que está en camino, en todas nuestras cosas que serán suyas (las que quiera) y en todas esas cosas que él elegirá como suyas y que le harán temblar de emoción como al niño de la viñeta que acompaña estas líneas (que es el niño Carlos Giménez antes de ser el dibujante Carlos Giménez) y en todo eso; resumiendo, pensando en todo eso a la vez, me ha venido a la cabeza esta viñeta (que yo no recordaba así exactamente pero que sin duda era ésta) de la maravillosa (y tremenda y dura y emocionante y verdadera y terrible y hermosa y necesaria y obligatoria y... seguiría pero lo dejo) Paracuellos del citado Carlos Giménez (que parece ser que será una peli en breve). Esta viñeta y no otra; esta, que representa tan bellamente la emoción de lo que uno siente como propio, de lo que a uno le hace feliz, de lo que a uno le construye y le hace ser uno mismo y le salva y le permite escapar de la gravedad del mundo, de sus aristas, de sus asperezas; esas cosas que son (y le robo un verso a Karmelo Iribarren) un leve guiño de luz hacia la sombra. Todo eso. Que, sin embargo, no dejan de ser solamente cosas.

jueves, 15 de septiembre de 2011

algunas cosas para ver y comentar estos días*







*la lira de la Exarchia (¿la solución al euro y a esta tragedia que vienen padeciendo (especialmente) los griegos?), el beso de Brezhnev y Honecker o Mein Gott hilf mir, diese tödliche Liebe zu überleben (Dios mío, ayúdame a sobrevivir a este amor mortal, que es el nombre que le puso al mural de la East Side Gallery que acompaña a estas líneas su autor, el ruso Dimitri Vrubel) y que no sé por qué me ha llevado a pensar en esta noticia y la historia del St Pauli (o cómo convertir los espectáculos de masas en algo civilizado y concienciado, osease, en todo lo contrario a esto, de lo que una se avergüenza tanto tanto tanto que ni siquiera quiere escribirlo)

domingo, 7 de agosto de 2011

los amantes voladores del futuro y el menú de la cena de coronación del zar alejandro III*







*imágenes sacadas de dos de mis descubrimientos internaúticos más recientes y molones. La primera está sacada de Paleofuture, un viaje por las hilarantes predicciones del futuro que se hacían en el pasado (como estas alas para que los amantes huyeran en cuanto aparecieran los maridos, imaginadas en 1901). La segunda es de How to be a Retronaut, una ruta por el pasado a través de imágenes, vídeos, documentos... (como este menú de la cena de la coronación de Zar Alejandro III en marzo de 1883, ilustrado por Viktor Mykhaylovich Vasnersov). Las dos son verdaderamente geniales.


jueves, 28 de julio de 2011

el discurso final del gran dictador de charles chaplin (... y bono)




El vídeo está subtitulado, pero si alguien prefiere leerlo aquí lo tiene transcrito en castellano (y aquí en inglés, por si apetece practicar). Esta mañana un señor hablaba de El gran dictador y de Charles Chaplin en la radio y me he acordado de este discurso y de que hacía un montón de tiempo que no lo escuchaba (pequeño inciso: y como este discurso un montón de cosas; cómo molaría que la vida fuera lo suficientemente larga o mejor extensa, como para volver una y otra vez a todos los lugares, personas, momentos, libros, ciudades, discos, películas... en o con los que alguna vez estuvimos a gusto... ). Merece la pena escucharlo (y contextualizarlo, aunque 70 años después siga teniendo vigencia). Chaplin decía que la vida es maravillosa (hasta aquí llegaba también Montes) si no se le tiene miedo y supongo que llevaba razón (y digo supongo porque yo soy una miedica). Y también decía que un día sin reír es un día perdido y ahí sí que no le puedo poner ni un pero, así que aquí os dejo el, para mí, mejor celebrities hasta la fecha: el de Bono. ¿Que con qué excusa absurda hilo estas dos cosas que en nada tienen que ver? Pues es que resulta que alrededor del minuto 2 (del 02:07 en adelante para ser exactos) se puede ver una escena de la que me he acordado viendo ésta, también de El gran dictador, en la que el prota se pone a juguetear con el globo terrestre. En fin. Muy grandes.

viernes, 22 de julio de 2011

sarajevo. diario de un éxodo de dzevad karahasan*



En aquellos momentos no pensé en ello, no era capaz de pensar ni había tiempo para semejante lujo, porque había que extraer los fragmentos de vidrio de los marcos de las ventanas; pero ahora, mientras escribo algunas imágenes que abruman mi recuerdo, juraría que entonces, justo cuando por primera vez era consciente de lo bella que era la construcción de Marindvor, la percepción de que me estaba despidiendo de mi casa me traspasó, y, literalmente, me dolió. Hasta entonces me había limitado a reconocer mi casa, pero en ese momento la veía. Hasta entonces vivía en ella, pero en ese momento la sentía y amaba, lo que significaba que me estaba despidiendo de ella, que empezaba a convertirse en un recuerdo porque el valor completo de cuanto encontramos lo obtenemos cuando se muda de este mundo al del recuerdo. ¿Por qué, Dios mío, vemos mejor en el recuerdo que en la realidad? ¿Por qué sentimos más claramente con el recuerdo que con los sentidos? ¿Por qué he visto mi propia casa y la he amado sólo cuando ha empezado a derruirse, cuando he sentido que empezaba a perderla?


*En marzo me invitaron desde la Universidad Popular de Logroño a participar en un ciclo de cine comentado (me lo pasé genial; deseando estoy de que me llamen otra vez). Mis primeras elecciones de entre las películas que me ofrecieron fueron El odio (un peliculón, aquí os enlazo la canción de Asian Dub Foundation para su banda sonora, que mola un montón) y Vals con Bashir, que también aprovecho para recomendaros. Como al final no tenían ninguna de las dos, elegí En tierra de nadie, de Danis Tanovic (que acaba de estrenar peli) que también tiene su aquel. Documentándome para el coloquio de después de la peli la cosa se me fue un poco de las manos (me encantó el otro día un grupo de facebook que se llamaba Obsesionarse aleatoriamente como fuente de conocimiento y/o follabilidad, pues yo igual). El caso es que en ese proceso de obsesión aleatoria llegué al libro de Dzevad Karahasan, que andaba por casa (lo pedí al Círculo de Lectores, una de esas veces, supongo porque no me acuerdo, en las que no había nada que me interesara de verdad). Y me gustó. No tanto, que también, la parte en la que describe cómo vivió el brutal asedio a su ciudad (a ella pertenece esta reflexión sobre realidad y recuerdo), sino la parte en la que se centra en la posible reponsabilidad de los artistas, de los escritores, en las guerras y, en definitiva, en los conflictos de las sociedades que habitan (un debate cuando menos interesante) y en el papel redimidor de la experiencia artística y del trabajo en el dolor de la comunidad, entendidos como garantes de la dignidad humana.



La fotografía que acompaña al texto es de Gervasio Sánchez. Es el claustro de la Bilioteca Nacional de Sarajevo, que fue parcialmente destruida en un bombardeo en agosto de 1992 (aquí podéis ver más fotografías suyas, entre ellas la del mismo claustro reconstruido). Él decía que imágenes como esas recordarán que quienes bombardearon la Biblioteca pretendieron acabar con la memoria de un pueblo (y casi lo consiguieron: más de 2.000.000 de libros ardieron, además de documentos y manuscritos con siglos de antigüedad). El edificio, que sigue en proceso de reconstrucción, se convirtió en un símbolo. En 1994, sobre sus ruinas, la Orquesta Filarmónica y el Coro de la Catedral de Sarajevo interpretaron el Réquiem de Mozart (y las imágenes son tremendas).

lunes, 18 de julio de 2011

18 de julio, toulouse, marcos ana



Toulouse es una ciudad espléndida. Estéticamente, algo a medio camino entre Florencia y Sevilla (... ¿Génova? pues la verdad es que nos recordó bastante a Génova, pero toda rosa). Nos encantó. Nos los pasamos de maravilla, comimos mejor aún. Entre otras muchas cosas, vimos la exposición Toulouse, capitale de l'exil républicain espagnol (aquí tenéis información y un vídeo por si tenéis curiosidad; el vídeo es muy cortito pero lo enlazo porque en el mismo canal hay otros tantos vídeos más sobre el tema que lo mismo os pueden interesar) y nos tocó también la fiesta Toulouse l´Spagnole, que lleva haciéndose varios años. Este año estaba dedicada a Cataluña. Vimos una exhibición de sardanas y a Mayte Martín for free. Había más conciertos para ver pero nos fuimos de ruta por el barrio para llegar al Hospital Varsovia, fundado y dirigido por los republicanos en el exilio (aquí tenéis un artículo al respecto; al margen de la polémica que propone, es interesante para conocer su historia) y que forma parte del Recorrido de la memoria organizado y promovido por el ayuntamiento de la ciudad y por su oficina de turismo, con el fin de señalar los lugares más representativos de la actividad política y social de los republicanos españoles en el exilio. También estuvimos en Les Siestes Electroniques, pero eso lo dejo para otro post.


El 27 de junio de 2009, el ayuntamiento de Toulouse bautizó uno de los muelles del río Garona Quai de l'exil republicain espagnol (muelle del exilio republicano español) en homenaje a los exiliados republicanos españoles en la ciudad, que llegaron a representar cerca del 15% de su población. Y es allí donde vimos los conciertos (y de allí es la foto que acompaña a estas líneas). Y sé que sobra que me ponga moñas (sobre todo sobra porque la vida de estos exiliados en Francia no fue precisamente un camino de rosas, sino más bien al contrario) pero no puedo evitar reconocer que lo que vi me emocionó. Porque, pasados los años, qué menos que corresponder a ese sufrimiento irreparable con un cierto reconocimiento que, imposible la justicia a estas alturas, al menos dé un poco de consuelo (tanto a la conciencia del reconocedor como a la memoria del reconocido). Y eso es tan poco, que debería ser tan natural, tan fácil, como respirar (pero no lo es, joder).


En esas nos acordábamos de Marcos Ana (aquí su blog), que en sus entrevistas (aquí una muestra) siempre insiste en una idea: hay que pasar página, sí, pero después de haberla leído. (Y copio de la entrevista que os enlazo) No es posible que después de 40 años de dictadura arranquemos esa página de la historia para que se la lleve el viento del olvido. Hay que escribirla para que se sepa lo que ha pasado en este país. La mejor vacuna para proteger la libertad y el futuro de las nuevas generaciones es la memoria histórica. A mí me van a ver a casa muchos nietos de fusilados que se han enterado hace pocos años que sus abuelos no murieron de pulmonía o en un accidente. Es muy triste que a los 30 años de la democracia eso esté ocurriendo en España. La memoria histórica tendría que ser una asignatura casi obligada en los institutos y universidades, repito, no para volver al pasado porque la venganza no es un ideal político, no quiero vengarme de nada. Quiero mis ideales de justicia y libertad y es la única venganza que me puede compensar los años de prisión. Ideales por los que luchó y murió una generación. Y 75 años después ya va siendo hora de que todo el mundo la lea. Os dejo aquí el que seguramente sea el más conocido de sus poemas:


¿Cómo es la vida?

Decidme cómo es un árbol.
Decidme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros.
Habladme del mar. Habladme
del olor ancho del campo.
De las estrellas. Del aire.
Recitadme un horizonte
sin cerradura y sin llaves
como la choza de un pobre.
Decidme cómo es el beso
de una mujer. Dadme el nombre
del amor: no lo recuerdo.
(¿Aún las noches se perfuman
de enamorados con tiemblos
de pasión bajo la luna?
¿O sólo queda esta fosa,
la luz de una cerradura
y la canción de mis losas?)
22 años. Ya olvido
la dimensión de las cosas,
su color, su aroma… Escribo
a tientas: "El mar", "El campo…
Digo "Bosque" y he perdido
la geometría del árbol.
Hablo por hablar de asuntos
que los años me borraron.
… … … … … … …
(No puedo seguir: escucho
los pasos del funcionario).


PD1: hace un par de años se publicaba El árbol talado que retoña, una obra colectiva en homenaje a Marcos Ana editada por El Páramo, la Fundación de Investigaciones Marxistas y la Fundación por la Europa de los Ciudadanos. Contó con un buen puñado de amigos míos y de poetas y artistas gráficos a los que admiro (todos los nombres aquí), entre ellos, Enrique Cabezón con este poema:


decidme cómo es el poeta
contadme el gemido y el temblor de sus hojas de parra
el gorjeo del verbo como el chapoteo de un crío en los charcos del tiempo
cómo evitó la vergüenza de omitir lo que dolía
aún incluso la manera en que bautizó lo que todavía duele
habladme de sus manos sarmentosas como raíces
hundidas como un rabo en la tierra y el polvo de los años
dueño de una simiente que cambiará el mundo

habladme del padecimiento y la ruina
de las máscaras y los desastres naturales
no olvidéis los incendios y la esperanza quemada
los ojos que se inundan como los campos baldíos
los ojos imperturbables de los asesinos
el abrazo tenebroso de la inanición y la anorexia
no olvidéis a los tahúres y a los fanáticos
no obviéis a los que viven en la calle
el ejercito de la mano de la muerte
la policía de la mano de la sangre
no calléis lo triste y la vergüenza
decidme cómo es el poeta

habladme de lo que a tientas ha construido
la luz que encontró cuando escarbó en sus entrañas
recordadme el compromiso con la furia que asumió hace años
el aroma épico de querer intervenir y no rendirse
habladme de lo que a tientas ha perdido

no olvidéis lo que le debemos

lunes, 20 de junio de 2011

vacances!











*pues eso, que toca descansar (o lo que sea) unos días. Las ilustraciones las he sacado de aquí, de aquí y de aquí. Felices días para todos.

viernes, 17 de junio de 2011

el 19 de junio no tenemos casa*

*nuestro sitio está en la calle. Porque, como se lee en el cartel que acompaña a estas líneas (sacado, otra vez, de ese lugar lleno de ideas maravillosas y de libre disposición que es voces con futura) nos afecta a todos y tenemos que estar todos. En Logroño salimos a las 19 horas de la Plaza del Mercado. En otras ciudades all over the world lo podéis ver aquí y aquí. Hay que estar.

miércoles, 8 de junio de 2011

un extracto de una de las últimas entrevistas de jorge semprún*



El alma de Europa es la democracia, es el núcleo de valores esenciales, todos en torno a lo que llamo, en mi jerga personal-filosófica, la razón democrática. En esa alma entran elementos de la razón crítica griega, elementos judeo-cristianos, árabes... Pero el alma es el núcleo de todos esos valores tan diferentes y cuya diversidad hay que mantener. Por ejemplo, es erróneo, e incluso contraproducente, mantener Europa sólo como un precipitado de valores cristianos. No. Es evidente que cristiandad y Europa se han superpuesto como conceptos en toda una época de la historia, pero ha pasado mucho tiempo desde entonces. El foco es la democracia. Hay una definición de la Comisión Europea que dice: "La única frontera de Europa es la democracia". Ajustadísima.



*el escritor fallecía ayer 7 de junio en París. Este fragmento de una de sus últimas entrevistas (tomado de aquí) me ha hecho pensar en el titular de un artículo publicado hace un par de días en la web de Periodismo Humano que decía Somos los hijos de la democracia y aún no hemos hecho nada por ella. Es un fragmento, el de la entrevista, con el que podría sentirme bien identificada y bien a gusto si no fuera porque ya sabemos que ajustadísima no es sólo la definición de la Comisión Europea de la que habla, sino también el alcance y la capacidad de representatividad de nuestra democracia (de nuestras democracias europeas). Hay que trabajar por mejorarlas.


miércoles, 25 de mayo de 2011

algún apunte 10 días después del 15M

Aquí seguimos. Personalmente reconozco que un poco necesitada de ánimo, aunque esto me parece natural, incluso sano. Casi nada importante de verdad para muchos (a veces incluso para uno) es fácil, blanco, llano. Hoy, ayer, anteayer, han sido días complicados para mí. Días de darse de morros con la realidad y tener que admitir que no mola nada, ahora que parecía que ¡por fin! nos habíamos librado de ella (perdonadme la ironía, me concederé pocas más porque me ha producido cierto hartazgo estos días en otras personas). No con la realidad a secas, con mayúsculas, sino con la realidad de la mayoría. Es como si estuvieran la realidad y el deseo y luego (al menos ahora) la realidad de las minorías (que parecía ser algo así como el deseo hecho realidad) y la realidad de la mayoría (que es en la que, fuera de ciertos espacios burbuja, lugares casi acuáticos en los que una se siente flotar, yo habito en mis "días normales" o subnormales, qué leches, por soñar que no quede). La realidad del trabajo, de los compañeros, de la falta de tiempo, del quiero y no puedo o del no me sé explicar y es más, aunque supiera de nada me serviría porque esto que tanto nos mueve a algunos carece de interés para la mayoría de la gente.


Volver a los "días normales" a los "lugares normales" no ha sido muy agradable para mí. En absoluto. Ha sido aterrizar en la plaza de mi ciudad e inmediatamente ser consciente de lo difícil que será lograr que todo esto funcione. Supongo que esto será más notorio cuanto más pequeño sea el sitio. Más difícil en Logroño que en Valencia. Más difícil en Calahorra que en Logroño. Y así sucesivamente. Porque nos conocemos todos (o casi todos) y es más fácil ser consciente de la gente tan diversa que sostiene este movimiento. Y luego están los recelos personales, además de los ideológicos (como si estos no fueran suficientes), y es muy sencillo perder la perspectiva de qué era lo que nos unía (rectifico el pasado pero no lo borro, de qué es lo que nos une)


Estos días, de vacaciones, daba vueltas por las plazas de otras ciudades (Valencia, Zaragoza) y todo parecía bonito, aunque entiendo que en este caso pueda ser por la misma emoción y no por la falta de conocimiento. Pero ha sido aterrizar en la mía y encontrarme con que alguien en la plaza está gritando paz y amor con el micro (conste que me parecen guays tanto la paz como el amor) y que todo el "público" aplaude sin control; con que a la gente le molesta que la pancarta más visible de la plaza critique al capitalismo (¡¡¡!!!) ; con que si hablas de cosas como organización, participación real en las asambleas, funcionamiento de las mismas, etc., osease, la base de que esto funcione no molas. Y visto esto, de pronto todo parece repentinamente poco serio; una caricatura; un movimiento sin chicha, sin objetivos, sin proyección y, sobre todo, lo que me parece más grave, sin contacto alguno con la realidad.


Y yo entiendo que nuestra responsabilidad va en otra dirección (y estoy bastante de acuerdo con este artículo de Raúl Parra en Rebelión) y me desagrada enormemente que el término "apolítico" planee sobre esta historia. ¿Tanto les vamos a dejar salirse a los políticos con la suya? Que hayan pervertido absolutamente el término pase, pero, o yo no he entendido esto en ningún momento o ¿no estamos luchando por recuperar lo que nos corresponde, por recuperar el verdadero significado del término "política", por dirigir la acción del Estado al beneficio de todos? ¿No se trata de devolverle su dignidad y de devolvérnosla a nosotros mismos? O al menos eso creo recordar que era uno de los puntos fundamentales del manifiesto del 15M. ¿Cómo que "apolítico"? No, no y mil veces no. Esto es un movimiento radicalmente político. Político ante todo. En serio, no permitamos a quienes han abusado y denigrado el término que nos priven de él.


Así las cosas, y haciendo lo que yo entiendo como renuncias en pos de aglutinar a más gente (ayer leía en un foro en el que participo que lo que importaba en este movimiento es que hubiera mucha gente y no tanto las ideas y un escalofrío de terror me invadía), empiezan a haber discrepancias serias y es normal. Y cansancio. Y decepción. Y desilusión. Aunque en este sentido soy bien optimista porque sé que hay muchas personas de verdad involucradas con esto (entre las que me cuento) y que, fases y ciclos anímicos aparte, tienen (tenemos) un compromiso serio y firme con esta historia y muchas ganas de trabajar por ello.


Enrique Dans dice aquí que hay que "moderar" las intervenciones de las asambleas y de los acampados y no le falta razón. Moderarlas fuera de lo que son canales oficiales porque es cierto que hay un problema clarísimo y grave de comunicación (porque una vuelve al trabajo y se encuentra con todos los vaciles del mundo; con que la mayoría de la gente no sabe de qué está hablando y los que supuestamente saben tienen una información absolutamente sesgada y falsa) Está muy bien que todos hablemos y de eso se trata en parte pero también de que, si ejercemos realmente nuestro sentido crítico, todos sepamos cuándo debemos callarnos (sin argumentaciones sólidas no deberíamos hablar en nombre de, si no en el nuestro propio, porque ciertas frivolidades, cierta laxitud, no le hace bien a algo tan serio como esto).


Por otro lado sé que hay mucha gente preparada detrás de esto; un montón de mentes bien armadas y a punto, que piensan distinto, pero que pueden encontrarse en ciertos lugares cuya conquista es importante para todos. Por ejemplo y en uno de los lados (porque no sólo hay dos) Julio Anguita. Por otro Agustín García Calvo. Y me revienta especialmente que a veces, en ciertas discusiones del grupo de debate de mi ciudad (y me consta que en esto no somos muy originales), parezca que todo esto se está reduciendo a una competición a ver quién es más listo o quién tiene más razones para estar enfrentado con "el sistema" o quién tendrá que decir la última palabra. Menos grupos para construir esto hay veces que parece cualquier cosa.


De todas formas hasta en esto encuentro un cierto consuelo. Andaba pensando que es posible que me jodan las discusiones estériles porque yo siempre voy con prisa y no tengo realmente tiempo de intervenir, pero para superar eso y poder llegar a las demás cosas quizá haya que pensar en que no hay discusiones estériles. En que ninguna discusión es estéril. Quizá lo suyo sea pensar en que de momento, no teniendo (demasiada) prisa y ensayando como estamos ensayando algo nuevo, tal vez tenga valor la discusión en sí misma, en la medida en que es algo que antes no hacíamos o que hacíamos siempre con la misma gente. Y es que lo nuevo no es el hablar sino el sentir que a uno le escuchan. Ahora bien, lo que, a mi entender, hay que tener muy muy claro es que con eso no basta. Y al que le baste pues me alegro por sus días de felicidad y gozo. Pero no hay que olvidar que no era por eso por lo que empezamos a movernos. Muy esclarecedor en este sentido (y en otros muchos, es un texto recomendabilísimo), sobre los peligros de un cierto conformismo que se palpa y que ralentiza las cosas y que comienza a ser insufrible para la "gente de acción" es este artículo de Manuel Delgado (su espacio tertulia en la Cadena Ser con el también filósofo Manuel Cruz es una de las mejores cosas que se pueden escuchar en la radio hoy). Hablar es bonito y alegrarse y sentirse parte de la Historia con mayúsculas, sí, pero con eso no nos basta. Pero tampoco basta con ser impacientes o con comprender sólo a nuestros afines dentro del movimiento. Hay que esforzarse (nadie dijo que esto fuera fácil).


En cualquier caso, y sin entrar en más detalles concretos de cosas que veo en los foros de discusión logroñeses y que no me gustan, ni tampoco de otras que sí que me gustan (y mucho), diré que yo estoy a tope en esta historia. Y que lo seguiré estando, porque partiendo de donde partimos, todo lo que se consiga será mucho. Y será bueno. Volviendo a los mínimos-máximos comunes, podríamos empezar a partir de los 4 puntos que propone Escolar. Esta mañana, por cierto, me ha llegado una convocatoria a través de Actuable para que vote para decirles a las acampadas y a las asambleas que por la gloria de su madre que se centren y que retomen los que quienes han iniciado la campaña consideran los 3 puntos básicos comunes a todo el movimiento (aquí los tenéis). Habrá a quien le parezca poco, pero por favor, volvamos a pisar la tierra, conseguir esto sería muchísimo y un paso enorme para ir sumando y cumpliendo reivindicaciones (para hacernos una idea de donde partimos en lo que a niveles de representatividad real se refiere, aquí tenéis un resumen estupendo). No sé. Seguiremos trabajando, comentando, informando... Esto me parece, afectos a parte, por supuesto, una de las cosas más interesantes e importantes que me ha tocado vivir, así que no pienso tirar la toalla. De ninguna manera.




*La ilustración que acompaña a este texto la he cogido de aquí; un banco de imágenes y carteles de libre descarga al que también se puede contribuir con aportaciones propias. Lo que os decía, un montón de talento y un montón de justas razones nos avalan. No dejemos que esto se desvanezca (si elegimos sumar será mucho más difícil que esto se vaya como vino)



lunes, 16 de mayo de 2011

to the east! (valencia*, zaragoza**, melbourne***)

*Valencia


Este miércoles 18 a las 19:30, Enrique Cabezón y yo estaremos en la Librería Primado de Valencia presentando nuestros últimos libros (Existir en los días, Eclipsados, 2009, él; Cuaderno de sal, Los Libros del Señor James, 2010, yo), leyendo algún poema y hablando un poco de las cosas que hacemos en Ediciones del 4 de Agosto. Nos acompañará uno de los últimos autores a los que hemos tenido el placer de editar: Víktor Gómez Ferrer (Incompleto, 2010), un poeta al que queremos y admiramos (porque es estupendo, por su saber hacer y por su firme compromiso con la poesía, con la sociedad y con la vida). Además, y por si esto fuera poco, tendremos también la oportunidad de coincidir con muchos amigos a los que no vemos tanto como quisiéramos (Mar, Jesús, Pedro, Manuel...) y de poder saludar y conocer en persona a gente a la que hace tiempo que seguimos con interés (porque nos gusta). De lujo, vamos. Llegaremos volando (porque a 110 también se puede volar).


**Zaragoza


A la vuelta pararemos en Zaragoza. Cualquier excusa es buena para parar en Zaragoza. Y que toquen los enBlanco es una excusa excelente. El viernes 20 a partir de las 21:30 estarán en la Sala Z junto a Romeo, presentando su excelente Enemigo mío.


***Melbourne


Y bueno, aunque molaría mucho, a Melbourne de momento no vamos. El caso es que toca conducir (Enrique es un copiloto excelente de los que dan conversación, van atentos y no se duermen, pero con un pequeño fallo: no tiene carné). Y para mí la mejor (y única) manera de aguantar muchas horas al volante es escuchando música. Esta canción de los Jet es una de mis favoritas para pilotar. Tiene el ritmo perfecto para cambiar de marcha y esas cosas. Los Jet son de Melbourne. Y con ellos os dejo.





sábado, 14 de mayo de 2011

15-05-11


Creo en la gente (¿de verdad creo en la gente?; sí, por supuesto que no en toda, pero sí en "mi gente", que son muchos y seguramente lo único en lo que de verdad creo). Todo es muy raro y muy violento en general. Innecesariamente cruel casi siempre. Todo excepto ellos. Tengo cara de boba todo el tiempo. No entiendo nada. Y sólo me sacan de este estado de turbación/desesperación/nosécómollamarlo, los afectos o algunos ataques de rabia repentinos. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Voy a hacer un pequeño resumen de momentos que recuerdo al respecto. Me acuerdo de cuando hace 8 años hicimos campaña para las municipales con Iniciativa Ciudadana (un proyecto muy digno, con sus luces y sombras, pero que contaba con algunas de las personas más válidas que conozco) y manejábamos los datos de viviendas vacías en Logroño (15 mil pisos vacíos para una población de 150 mil habitantes. Tela). Recuerdo haber escrito un texto para una publicación que hacíamos que se llamaba Veredas sobre el miedo que daba que las universidades públicas empezaran a hablar de sus alumnos como de "sus clientes" y, sobre todo, a emplear términos como "escasa rentabilidad" para referirse a las carreras de letras (yo entonces estaba estudiando Humanidades). Recuerdo un ataque de rabia hace ya bastante tiempo (no recuerdo exactamente la fecha, pero creo que fue el año pasado en primavera), cuando un periódico alemán filtró la noticia de que España iba a tener que ser rescatada por la UE. Recuerdo que las bolsas se hundieron. Las bolsas me resbalan (cómo no), pero quizá no deberían, por lo menos no mientras sigamos funcionando en este sistema inhumano y cabrón. Digo que no deberían porque cada vez que el Ibex cae o Wall Street o cualquiera de esos agujeros infectos, hay gente como yo que pierde su trabajo o su casa o su vida entera (los tentáculos de las multinacionales llegan a sitios muy raros). Los mercados, esa perversión. Cómo es posible que una noticia interesada y filtrada en un periódico alemán mande a 10 mil españoles al paro (sí, y en realidad todo es muchísimo peor porque no solemos pararmos a pensar hasta qué punto cada una de nuestras inconscientes decisiones diarias manda a la ruina a familias enteras de Filipinas o de Senegal). Todo es terrible, sí, pero no podemos poner de excusa ese horror ni la magnitud del desastre (que nos supera, que es quizá más grande que nuestras fuerzas) para no hacer nada. Me acuerdo de mi madre hablando conmigo poco después de eso. Mi madre, que hace tiempo que sufre por mí y por mis hermanos porque no ve nada claro, porque entiende que las cosas no están bien. La herencia que, ley del suelo mediante (que unos aprobaron y otros mantuvieron), han dejado a nuestra generación, cercenando en gran medida nuestras posibilidades de independizarnos y de vivir bien a la vez (o de independizarnos a secas), es como una venganza inexplicable; un error tremendo que demuestra muy pocas miras por parte de quienes lo decidieron al hipotecar el futuro de un país entero. Hablamos del futuro y yo le explico a mi madre que así las cosas me conformo con que mis hijos (y si no mis sobrinos, o los hijos de mis amigos o los hijos del futuro en general) tengan los mismos derechos que yo he tenido. Y por desgracia no parece que vaya a ser así. Huelga general del 29 de septiembre. Me parte el corazón un señor mayor de CCOO intentando convencer a quienes han decidido trabajar de que deben luchar por defender sus derechos. Me parten el corazón las respuestas; los que lo encuentran gracioso o incluso ofensivo y los que se escudan en el miedo para trabajar ese día. La inconsciencia y el miedo, los no-motores de nuestro mundo. Y todo alimentándolos constantemente. La violencia de los medios de comunicación interesados. La dejadez en sus funciones de quien debe impulsarnos a conocer, a pensar, a ejercer la crítica. La absoluta falta de ética, de decencia y de respeto de nuestra clase política (¿cómo puede ser que los políticos sean una de las principales preocupaciones de la sociedad?, ¿no son ellos precisamente quienes deben solucionar problemas?; es inaguantable). Vemos Inside Job hace poco. Se me queda cara de boba. Ya lo sospechábamos pero caramba, ¡además es cierto!: nadie, absolutamente nadie, vigila a los vigilantes. ¿Cómo hemos podido abandonar así nuestra obligación moral de pedir explicaciones, de reclamar lo que es legitimamente nuestro, lo que tanto costó a otros conseguir? ¿Alguien podría decirme en qué momento concreto nos dejaron de importar las cosas que de verdad importan, las que son de todos? ¿Cómo ha sucedido esto? ¿Y por qué?

Hay que tomarse esto en serio, de verdad, por responsabilidad con el futuro, sí, pero también con el pasado. ¿Cuánta gente luchó, sufrió o quedó en el camino por conseguir las cosas que tenemos hoy? No sé. No estoy de humor. Me desagradan sobremanera los partidos políticos. Me pone enferma la compaña electoral, esa celebración constante de la hipocresía y del cinismo. Me avergüenza. No siento que nadie me represente. Hay honrosas excepciones, pero son muy muy pocas. Sí que siento que me representa "mi gente" y por eso me parece importante lo de mañana. Por otro lado, comprendo perfectamente los recelos de ciertos grupos de izquierda al margen de los partidos políticos sobre esta inicitativa (pinchando aquí tenéis un artículo al respecto). Los comprendo pero en este caso no los comparto. No tengo muy clara la alternativa, si es que la hay. Pero no me parece soportable que nos tomen así el pelo, que nos utilicen así, que nos sangren de esta manera sin que nos quejemos siquiera. Todos nos usan, lo sé, pero no está mal dar oportunidades a las cosas nuevas. No sé si esto servirá de nada pero puede ser bonito, puede ser importante. Si funcionamos por estímulos es posible que ver a gente, ver a mucha gente, encontrarnos, pueda llevarnos a un estado diferente, a un nuevo refugio frente a la apatía generalizada.

Me vienen poemas a la cabeza. Me acuerdo de uno de David Eloy Rodríguez que dice que el poema es la erección del ahorcado./ Demasiado tarde y para nadie./ pero ahí (pues así nosotros) y también de los dos versos finales de Salta antes de mirar de Auden, que dicen aunque te quiero, tendrás que saltar/ nuestro ensueño de seguridad debe desaparecer. Sí, debe desaparecer porque realmente ya no existe. Hace tiempo que saltar no es una opción, sino un imperativo. Dejo ya de escribir; me están entrando unas ganas locas de fumarme un cigarrillo aunque llevo ya más de cuatro meses sin fumar. Yo sólo quería escribir un textito rápido, no sé, cuatro líneas, y la cosa se me ha vuelto a ir de las manos. Perdonad el tostón. Me gustaría que mañana fuera un día importante y quería dejar constancia de ello. Dejo aquí también una canción que me gusta un mucho, un clásico de los argentinos Todos tus muertos con Fermin Muguruza. En un momento dado cantan porque esperanza es palabra de blancos para negros indígenas y explotados, y quizá no esté mal repensar quiénes son "los blancos" ahora mismo, en un mundo en el que las diferencias son cada vez más grandes y más terribles (y también cantan se acabó el esperar, se acabó el mendigar, no hay nada que perder y sí mucho que ganar ¡dignidad!; y no está mal que nos creamos eso). Cruzo los dedos porque mañana haya mucha gente en la calle. Porque esto sea esperanzador, aunque me digan que sólo los ingenuos tienen esperanza.




martes, 26 de abril de 2011

un poema de gonzalo rojas*




Los cómplices

Te decía en la carta
que juntar cuatro versos
no era tener el pasaporte a la felicidad
timbrado en el bolsillo,
y otras cosas más o menos serias
como dándote a entender
que desde antiguamente soy tu cómplice
cuando bajas a los arsenales de la noche
y pones toda tu alma
y la respiración
perfectamente controlada,
por mantener en pie tus rebeliones
tus milicias secretas
a costa de ese tiempo perdido
en comerte las uñas, en mantener a raya
tus palpitaciones,
en golpearte el pecho por los malos sueños,
y no sé cuántas cosas más
que, francamente, te gastan la salud
cuando en el fondo
sabes que estoy contigo
aunque no te vea
ni tome desayuno en tu mesa
ni mi cabeza amanezca en tu pecho
como un niño con frío,
y eso no necesita escribirse.


*El poeta chileno falleció ayer, 25 de abril, en Santiago. Este poema suyo me gusta mucho. Fue leerlo y hacerlo mío. Me lo apropié. Una en la poesía también, y sobre todo, busca comprensión (y consuelo). También identificarse para conocerse; conocerse para entenderse; entenderse para quererse, claro que sí. Y para verse venir y a veces, incluso, hasta para echarse las cartas, por supuesto. Pero sobre todo comprensión (propia y del mundo). Supongo que todos vivimos un poco en esa lucha entre alentar a nuestras rebeliones internas, a nuestras "milicias secretas", y silenciarlas, tranquilizarlas, evitar que nos compliquen la vida en exceso. Hay dolores y alegrías y otras cosas que nos pasan a las que no nos atrevemos a poner nombre porque asustan, porque identificarlas plenamente podría obligarnos a cambiar de rumbo y eso siempre da miedo. Mucho miedo. Pero me gusta pensar, como leo en este poema, que en el fondo no podemos huir de lo que somos, porque aquí o allí siempre estarán nuestros cómplices para recordárnoslo. Nuestros cómplices reales, cercanos, conocidos, y también los que intuímos que pueden ser o los que soñamos que sean (aunque a veces, cuando uno desea mucho algo, soñar e intuir se convierten casi casi en la misma cosa). No sé si Gonzalo Rojas habla de esto en este poema. Bueno sí, seguro que de esto también: en realidad todos hablamos constantemente de cómo no traicionarnos a nosotros mismos (y también de cómo hacerlo, aunque esto nos guste menos). En cualquier caso, le agradezco mucho su consuelo y sus palabras. Que descanse en paz (o como él quiera).




viernes, 15 de abril de 2011

300*






*Esta es la entrada número 300 de este blog. 300 en poco más de tres años (empecé un 7 de abril de 2008). No está mal. No es poco pero tampoco es mucho (como aquellos billetes de 24 euros de este maravilloso y chanante retrospecter). Este blog también cumplió 100 entradas y también cumplió 200 y no celebramos nada. Pero claro, 300 son 300; como los 300 de Leónidas en la Batalla de las Termópilas, que son los 300 del cómic de Frank Miller (y Lynn Varley, que fue quien puso, y muy bien, el color). En realidad creo que de las otras dos efemérides no fui consciente. Ahora bien, me gustó 300 y esta es una excusa buena como otra cualquiera para recordarlo. Sé que le falta rigor histórico. Sé que acusaron a su autor de xenófobo, seguramente con razón. Qué sé yo lo que sé. Pero a mí me gustó igual. Y también la peli (por cierto, en Cuba la vi doblada al mexicano y fue una experiencia curiosa). Asociar estos 300 posts a aquellos 300 espartanos es una ida de olla, sí, pero no es del todo descabellado, por mucho que pueda parecerlo. Al fin y al cabo estos 300 posts también son unos resistentes. No exponen explícitamente su ideología (o no demasiado al menos), pero desde luego que sí implícitamente. Pero no son unos resistentes por eso. Lo son porque resisten a mi lado en mi pelea contra la falta de tiempo y de espacio. La pelea contra las implacables consecuencias de mis elecciones (que sé que fueron mías, que sé que no debo de quejarme, que sé que no estoy tan mal, que sé un montón de cosas, pero también sé, con todo y sobre todo, que yo pensaba que el mundo era otra cosa y que si lo pensaba era por algo; esto es, me educaron de otra forma, me enseñaron un futuro distinto, nadie me habló de esta negrura). El caso es que resisten aquí. Siguen adelante y cada vez son más. No son muy actuales, ni están muy puestos (puede que alguno que haya escrito en domingo...), ni muy bien escritos, ni son muy organizados, ni muy originales, ni muy especiales, ni muy especializados, ni muy nada. Pero son míos. Y son así (desordenados, un poco caóticos, urgentes) porque es en la urgencia donde me muevo. Esto vivo yo, esto veo yo, por todo esto trabajo yo, en esto creo y en esto participo, y peleo por encontrar un rato, donde sea, por apropiarme de un tiempo que no tengo para contarlo, para contármelo. Son mis 300. Últimamente hablo mucho de esto con las personas que me quieren y que se empeñan en hablar conmigo a pesar de mis nervios y de mis malas pulgas. No pienso renunciar a mis espacios a pesar de todo. Estos 300 son mis espacios (y otros muchos que no están pero que también me pertenecen). Y no pienso hacerlo por nada del mundo. No porque pierda el norte y les dé una importancia de la que carecen, sino porque sé que forman parte de un espacio más grande, distinto, que es de muchos. Una especie de espacio de resistencia que construimos entre todos los que nos negamos a "hacer nada", aunque esa "nada" nos arrolle y haga con nosotros casi todo lo que quiere. Porque si nos tapan el sol con sus flechas, entonces lucharemos en la sombra, como los 300 espartanos de Leónidas.

domingo, 3 de abril de 2011

edith piaf & théo sarapo*: a quoi ça sert l'amour? (un film de louis clichy)




*Georges Perec le dedica uno de los 480 recuerdos que recoge en su Me acuerdo (el 327 concretamente) a Théo Sarapo. Me acuerdo de Théo Sarapo escribe. Y la verdad es que yo también (es un personaje adorable). Fue el último gran amor de la cantante francesa Edith Piaf. Se conocieron en 1962. Ella tenía 47 años y él 26. De origen griego, reguapo y peluquero de profesión, cambio su nombre real (Théopanis Lamboukas) por el de Théo Sharapo (que en griego significa te amo) por deseo de su amada. Edith Piaf lo convirtió en cantante y a dúo interpretaron temas como éste A Quoi Ça Sert L´Amour? (¿Para qué sirve el amor?), que sirve de excusa a Louis Clichy para realizar este corto de animación tierno tierno y bonito a rabiar que vi hace algún tiempo y me gustó mucho (pinchando aquí, un vídeo con ellos de carne y hueso interpretando esta misma canción). Acompañó a Edith Piaf en sus últimos años, sosteniéndola, literalmente, en el escenario y en la vida. A su muerte en 1964 fue nombrado su heredero universal, heredando, en realidad, una importante cantidad de deudas. A partir de aquí las versiones sobre él difieren. Por un lado están quienes lo presentan como un hombre enamoradísimo y dolorido que, una vez satisfechas todas las deudas heredadas, se suicidó estrellando su coche en 1970 y por el otro están quienes niegan la mayor: su enamoramiento, su dolor, su pago de las deudas, su suicidio. Yo me quedo, de todas todas, con la primera versión (puede que el amor se pueda fingir medio bien, pero disimularlo es prácticamente imposible; para lo primero sobra con saber mentir; lo segundo exige un tributo de dolor muy alto). Fue enterrado junto a la cantante en el cementerio de Père-Lachaise. Y ahí seguirán los dos (digo yo).


viernes, 11 de febrero de 2011

y este sábado...


Este sábado 12 de febrero a partir de las 20 horas en el Museo WÜRTH de Agoncillo (La Rioja), Benjamín Larrea presentará su trabajo de vídeo-arte y fotografía sobre la India El río sensible. Las imágenes que en él se muestran han sido realizadas a lo largo de diferentes viajes realizados allí desde 1981 y recogen los más diversos aspectos del país. A ocho poetas, entre los que me encuentro, junto a mi compañera del metal Sonia San Román, y a Teresa Sebastián, Pilar González España, Peter Wessel, Desiderio C. Morga, Francis Quintana, Ángel María Fernández y Juan Carlos Blancas, se nos ha invitado a que escribamos sobre las diferentes imágenes agrupadas por temas. El trabajo conjunto ha dado lugar a la citada presentación, que aunará vídeo-arte, fotografía, paisaje sonoro y lectura de poemas.

Parece ser que las entradas llevan días agotadas. Yo, que me apunto a un bombardeo, he de confesaros que después de apuntarme a este casi he sudado tinta para encontrar las palabras con las que acompañar a esas imágenes, a pesar de que el tema bajo el que se agrupan las mías, La búsqueda, me pareció en su momento apetecible y relativamente asequible. Finalmente, a falta de palabras propias, he recurrido a los versos de 18 poetas (18 poetas para 18 imágenes) pertenecientes a la generación beat e influenciados en su mayoría por su interés por las filosofías orientales y por sus viajes a la India (espero no haberlos estropeado mucho al mezclarlos con los míos). Con la excusa, he leído cosas muy molonas estos días, entre ellas estos versos levanta-espíritus de Michael McClure, que me he ido repitiendo cada vez que el mío iba decayendo:



Sabemos que no somos naufragios

sino momentáneos y radiantes

dioses.




sábado, 11 de diciembre de 2010

asociando imágenes (la realidad y v de vendetta*)




* apunto esta cita de V en el capítulo quinto de la serie: El ruido depende del silencio del que procede. Cuanto más absoluto es este más escandaloso es aquel.


lunes, 6 de diciembre de 2010

llamando a spiderman*!


*a él o, así las cosas, a a alguien que tenga claro eso de que un gran poder conlleva una gran resposabilidad

sábado, 27 de noviembre de 2010

a roma!*



Me llevo unos días a mis padres a que conozcan Roma. Es la primera vez que salen del país y no imagino mejor lugar para desvirgarse en esos asuntos (por bello, por cercano, por cálido; esto último en todos los sentidos, ahora que aquí estamos a -3º y allí están a 12º). Lo pasaremos bien. Rescato aquí un textito que escribí la segunda vez que estuve allí. Reencuentro ocho años después en el Foro Romano (13-02-2006) Sólo quien tiene expectativas es decepcionado. Nosotros tuvimos-tenemos-tendremos (sólo el hombre tropieza dos veces en la misma piedra). Es normal, en cualquier caso. ¿Cómo no tenerlas, si a los diecisiete años ya habíamos sentido el vértigo de la Historia al poner nuestros pies en el Foro Romano? A los diecisiete uno se cree que podrá ser imperecedero como esas piedras. Misteriosamente, inconscientemente, uno tiene entonces confianza plena en el futuro. Posiblemente porque desconoce cómo se construyó su pasado y su posibilidad de estar vivo. Desconoce que es fruto de millones de fracasos, decepciones y alguna que otra victoria pírrica, inesperada y casi milagrosa (su propio nacimiento quizás). Desconoce también que, sólo unos años después, ese vértigo cálido, esa velocidad de su sangre, le desconcertará y le dará pánico. Un pánico tremendo. El pánico de asumir que a cada segundo muere, que el tiempo avanza a una velocidad superior a la soportable y, lo que es peor: que bajo ningún concepto se detendrá. Que cada inundación de sangre nueva que sacude sus venas es sólo un paso más hacia la nada. Por fortuna, ese vértigo desaparece un día. El veinteañero toma conciencia del tiempo, asume su condición de ser abocado a la tierra y determina que ha de hacer algo de provecho con su vida. El vértigo entonces sólo vuelve a veces, como la nieve en nuestras latitudes. Golpea las sienes cuando uno se desvía de su camino. Es incomprensible que uno se salga de la ruta que tiene perfectamente trazada en su imaginario. Pero es algo que, salvo contadas excepciones, sucede constantemente. Y casi siempre es para mal. Uno no alcanza a comprender cómo ha llegado al lugar en el que se encuentra. Cómo, cuándo y por qué se ha perdido. Y ese vértigo, igual que cuando uno se vuelve en el monte al anochecer y comprueba que el barro está húmedo y que sus huellas se han borrado, es tan fuerte que produce náuseas, contrayendo nuestras alegres vísceras nunca antes atenazadas por ningún hambre que no haya sido voluntaria. Desde el Palatino trato de adivinar los planos de las casas. Es febrero del año 2006. Recuerdo, mientras el sol fríe literalmente mis ojos de miope, cuando en los 80 proyectaba lo que sería mi vida en el 2000. Me imaginaba pelirroja y con los dientes grandes, pecosa (por alguna extraña razón soñaba con un rostro así muchas noches. Es posible que fuera el de mi madre). No recuerdo qué quería ser, pero sí que para los diecinueve años sería algo. Algo importante, además. Nada más lejos de la realidad ya con veinticinco. Poco queda de los planos de las casas, así que me los invento. La belleza del lugar, revisitado, me estremece. No hay vértigo ahora. Lo hubo en el 98, cuando lo visité por primera vez. Ahora, supervivente de aquel vértigo primero, me identifico más con los perros que se desperezan al sol del invierno que con los posibles protagonistas de la Historia: sólo quiero atrapar momentos, permanecer al margen y dejar que la belleza acaricie dulcemente mi decepción y mi cansancio (y también, por qué no, mi esperanza). Me lamo las heridas a la luz de las machacadas piedras.
*con algunas de las Vedutas de Piranesi como postales previas