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lunes, 28 de noviembre de 2011

lisboa*



Lisboa


Digo:

"Lisboa"
Cuando cruzo —viniendo del sur— el río
Y la ciudad a la que llego se abre como si de mi nombre ella naciese
Se abre y se yergue en su extensión nocturna
En su largo brillar de azul y río
En su cuerpo apilado de colinas:
La veo mejor porque a digo
Todo se muestra mejor porque digo
Todo muestra mejor su estar y su carencia
Porque digo

Lisboa con su nombre de ser y de no ser
Con sus meandros de asombro insomio y hojalata
Y su secreto relucir de cosa de teatro
Su cómplice sonrisa de máscara y de intriga
Mientras el ancho mar hacia Occidente se dilata
Lisboa oscilando como una gran barca
Lisboa cruelmente construida a lo largo de su propia ausencia

Digo el nombre de la ciudad:
Lo digo para ver


*con poema de Sophia de Mello Breyner y fotografía de Eduardo Gageiro


jueves, 15 de septiembre de 2011

algunas cosas para ver y comentar estos días*







*la lira de la Exarchia (¿la solución al euro y a esta tragedia que vienen padeciendo (especialmente) los griegos?), el beso de Brezhnev y Honecker o Mein Gott hilf mir, diese tödliche Liebe zu überleben (Dios mío, ayúdame a sobrevivir a este amor mortal, que es el nombre que le puso al mural de la East Side Gallery que acompaña a estas líneas su autor, el ruso Dimitri Vrubel) y que no sé por qué me ha llevado a pensar en esta noticia y la historia del St Pauli (o cómo convertir los espectáculos de masas en algo civilizado y concienciado, osease, en todo lo contrario a esto, de lo que una se avergüenza tanto tanto tanto que ni siquiera quiere escribirlo)

jueves, 31 de marzo de 2011

deux de mes poémes* traduit en français (y un poco de marsella y lyon)







Va a hacer un año que Enrique y yo estuvimos leyendo en la Universidad de Lyon. Veníamos de Marsella. Allí dormimos en casa de una señora muy simpática en una calle en cuesta llamada Boulevard Tèllene. Bajando te encontrabas, en este orden, con un mercadillo permanente de barrio (volví muy fan de esa costumbre francesa de no tirar nada y de intercambiar todo; el futuro será así o no será), con esta pastelería tan bonita (aunque las dichosas navettes fueron lo único que comimos que no nos encantó) y con el mar. Desayunamos mermeladas y quesos caseros, nos reímos muchísimo, caminamos sin prisa. Enrique se enamoró del pastis. Yo también. Pocas cosas tan agradables como ese suave cosquilleo que producen las bebidas dulces al tomarse al sol. Yo bebía también a veces un vino blanco de la provenza (con muy mala fama entre los entendidos pero que a mí me sabía muy bueno) con un chorrito de licor de naranja. Metimos los pies en el mar. Comimos pescado y casquería. Probamos la cassoulet de pato (uno de los platos más ricos que he comido nunca). No se me ocurrió apuntar nada en una libreta porque nunca lo hago (confío mucho en mi memoria y aún más en sus curiosas selecciones y asociaciones; así me va, por otro lado, perdiendo el norte mínimo un par de veces al mes) y todavía no he descargado todas las fotos del móvil, así que os vais a ahorrar un montón de datos irrelevantes. Sí que me he preocupado de buscar cómo se llama el sitio en el que probamos ese invento maravilloso y... ¡voilá! est ici: Restaurant La Garbure (muy bonito y bebimos cognac y Topo y Mireia se llevaron la botella a casa para hacerse un jarrón). Recuerdo que se nos hizo muy tarde en Cours Julien. Recuerdo que cuando volvíamos para nuestro hogar temporal vi una rata gigante saltando entre dos cajas de cartón. Recuerdo que en ese preciso instante íbamos hablando de Jules Pascin. Recuerdo que el domingo por la mañana en el mercado de pescado vi estrellas de mar vivas en varios puestos; y que en uno de ellos, una sola se retorcía al sol y que esa imagen me turbó. Recuerdo el ambiente de Cours Belsunce y de sus perpendiculares hasta el Boulevard Dugommier (del África negra hasta un punto; magrebí a partir de ese punto; hace poquito recordaba que magreb significa occidente en árabe). También me viene a la mente la luz blanca de la ciudad y la cerveza La Cagole (que vendría a ser algo así como "la choni" en dialecto marsellés; buenísima, perfecta con patés de olivas, de almendras y de peces varios). De ahí fuimos a Lyon. Mireia y Topo (nuestros anfitriones) llevan muchos años viviendo allí. Antes estuvieron en Clermont Ferrand. Viven cerca del Institut Lumiere y disfrutan mucho de él y de los ciclos de cine que organizan. Es curioso cómo se articula el mundo. Ellos dos adoran el cine y han acabado viviendo (sin pretenderlo) en el mismo barrio en que vivieron los inventores del cinematógrafo. Va a ser cierto que siempre decidimos aunque no lo sepamos. Frente a la parada en la que cogen el tranvía estaba aparcada una furgoneta llena de bolsas llenas de colillas de cigarrillos del bar insumiso a la ley del tabaco de Lyon, el café 203. No recuerdo nombres de calles. Me pasa en los sitios en los que tengo guía. Pero sí de algunos de los barrios. Recuerdo que subimos a la Fourvière a ver las ruinas grecorromanas y la basílica. Hacía sol y calor, los zapatos me hicieron rozadura y tuve que entrar a comprarme tiritas en una farmacia (no recuerdo cómo me dijeron que se decía tirita en francés). Recuerdo a los chavales de un instituto que había al lado almorzando en las ruinas, extendidos sobre las piedras como lagartijas. Recuerdo que andamos mucho por el centro de la ciudad (la Presqu´ile), ordenada y elegante como uno espera del mundo civilizado (aunque Chirbes sostiene en Mediterráneos que "lo mediterráneo" en Francia, no en el mejor sentido de la palabra, empieza en Lyon). Comimos salchichón asado, quenelles, ensalada de lentejas verdes y más cosas ricas que no recuerdo en un bouchon. Bebimos vino beaujolais nouveau como si se fuera a acabar el mundo. Probamos la cerveza de primavera. Comimos quesos. Muchos. Distintos. Muy buenos. Subimos al barrio de la Croix-Rousse, el antiguo barrio de los canuts (o trabajadores de la seda) y bajamos atravesando patios de vecinos. Había varias cuadrillas de redskins jugando a petanca (que es un invento occitano) en cada plaza. Estuvimos en el Museo de Bellas Artes y nos encantó (precioso el jardín interior y maravillosos los frescos del edificio de Puvis de Chavannes, que ciertamente parecían la puerta de entrada a otros mundos). El barrio del Vieux Lyon de bonito nos pareció casi de mentira (nos sucedió algo parecido cuando estuvimos en Salamanca al volver de Oporto). Una de las cosas que se visita son los patios interiores de las antiguas casas nobles que hoy ya no lo son, y tiene su gracia andar colándose por los portales aunque algún perro te dé un susto. Compramos vinos blancos viejos para mi hermano. Cenamos en la terraza de la casa de Topo y Mireia. Paseamos por su barrio. Antes leímos en la universidad y la gente fue muy amable con nosotros y estudiantes de español encantadores que pillaban los chistes de Enrique y se morían de la risa y decían mon dieu, mon dieu muchas veces, nos invitaron a unos vinos. Para la lectura Mireia (Mireia Alonso Ribeiro, que publicó un estupendo poemario con Ediciones de 4 de Agosto en el verano del 2007, titulado "La moqueta roja") tradujo algunos poemas de Enrique y míos al francés (ahora anda corrigiendo las pruebas de imprenta de una antología de poemas de la condesa Anna de Noailles que ha preparado para Torremozas). De esto hace casi un año. Y justo antes pasó todo lo que os he contado. Justo después estuvimos en Barcelona en casa de Agustín y José Antonio, con Juan, Isabel y Alberto y un montón de caracoles (Agustín y José Antonio tienen un criadero). Juan e Isabel leían en Nostromo (un sitio estupendo en el que hicieron un recital estupendo). Dormimos en una casa en medio del monte. No había ruidos y se veían las estrellas. Creo recordar que fui bastante feliz y que la primavera merecía plenamente su nombre, sus adjetivos y sus tópicos. El sol me quemó la punta de la nariz y los hombros y los bichos me picaron. Me encendí. Respiré raro y mal, como siempre por estas fechas. Me entraron ganas de no hacer nada y de salir corriendo con los ojos cerrados hacia quién sabe dónde. Hay algo que me abruma y me angustia en despedirme del invierno, aunque el olor de la calle esta mañana al salir de casa me ha hecho sentir especialmente bien (y olía exactamente a eso, al frío huyendo a otros lugares). Justo hace un año escuché por primera vez mis poemas en otro idioma. Y fue verdaderamente bonito y quería compartirlo con vosotros. Los poemas me llegaron el lunes. Me llegaron unos cuantos; he escogido estos dos porque uno le gusta mucho a la traductora y el otro me gusta mucho a mí. Es bonito ver cómo cada cosa contiene otras muchas (cada uno de estos poemas guardan así la idea primera, el recuerdo de un viaje, quien lo leyó y me lo dijo, quien me hizo el precioso favor de hacerlo comprensible en otra lengua, un golpe de ánimo repentino, aire fresco hoy, quién sabe qué mañana). Me consuela ver cómo todo lo que nos va sucediendo va tejiendo una red muy compleja casi casi irrompible. Los lugares, los poemas, las personas. A veces parece incluso que las cosas tienen sentido.

III

écrire

le besoin de partager

ce qui n’intéresse peut-être personne

ce sentiment d’être accompagné

dans la solitude la plus complète

exposé absurdement

exposé

cette maladie

s’accrocher au papier blanc

comme s’il était

l’unique alternative

à la mort

comme si la trace qu’on laisse en lui

était plus que nous-mêmes


III

escribir

esta necesidad de compartir

lo que quizá a nadie interesa

este sentirse acompañado

desde la soledad más absoluta

expuesto absurdamente

expuesto

esta enfermedad

este aferrarse al papel en blanco

como si fuera

la única alternativa

a la muerte

como si el rastro que en él dejamos

fuera más que nosotros mismos


*


contre héraclite

rien ne change

la même envie de te voir

la même envie de te toucher

la certitude de ce qui n’aura pas lieu



contra heráclito

nada cambia

las mismas ganas de verte

las mismas ganas de tocarte

la certeza de que no sucederá


*incluidos en mi "cuaderno de sal"


sábado, 27 de noviembre de 2010

a roma!*



Me llevo unos días a mis padres a que conozcan Roma. Es la primera vez que salen del país y no imagino mejor lugar para desvirgarse en esos asuntos (por bello, por cercano, por cálido; esto último en todos los sentidos, ahora que aquí estamos a -3º y allí están a 12º). Lo pasaremos bien. Rescato aquí un textito que escribí la segunda vez que estuve allí. Reencuentro ocho años después en el Foro Romano (13-02-2006) Sólo quien tiene expectativas es decepcionado. Nosotros tuvimos-tenemos-tendremos (sólo el hombre tropieza dos veces en la misma piedra). Es normal, en cualquier caso. ¿Cómo no tenerlas, si a los diecisiete años ya habíamos sentido el vértigo de la Historia al poner nuestros pies en el Foro Romano? A los diecisiete uno se cree que podrá ser imperecedero como esas piedras. Misteriosamente, inconscientemente, uno tiene entonces confianza plena en el futuro. Posiblemente porque desconoce cómo se construyó su pasado y su posibilidad de estar vivo. Desconoce que es fruto de millones de fracasos, decepciones y alguna que otra victoria pírrica, inesperada y casi milagrosa (su propio nacimiento quizás). Desconoce también que, sólo unos años después, ese vértigo cálido, esa velocidad de su sangre, le desconcertará y le dará pánico. Un pánico tremendo. El pánico de asumir que a cada segundo muere, que el tiempo avanza a una velocidad superior a la soportable y, lo que es peor: que bajo ningún concepto se detendrá. Que cada inundación de sangre nueva que sacude sus venas es sólo un paso más hacia la nada. Por fortuna, ese vértigo desaparece un día. El veinteañero toma conciencia del tiempo, asume su condición de ser abocado a la tierra y determina que ha de hacer algo de provecho con su vida. El vértigo entonces sólo vuelve a veces, como la nieve en nuestras latitudes. Golpea las sienes cuando uno se desvía de su camino. Es incomprensible que uno se salga de la ruta que tiene perfectamente trazada en su imaginario. Pero es algo que, salvo contadas excepciones, sucede constantemente. Y casi siempre es para mal. Uno no alcanza a comprender cómo ha llegado al lugar en el que se encuentra. Cómo, cuándo y por qué se ha perdido. Y ese vértigo, igual que cuando uno se vuelve en el monte al anochecer y comprueba que el barro está húmedo y que sus huellas se han borrado, es tan fuerte que produce náuseas, contrayendo nuestras alegres vísceras nunca antes atenazadas por ningún hambre que no haya sido voluntaria. Desde el Palatino trato de adivinar los planos de las casas. Es febrero del año 2006. Recuerdo, mientras el sol fríe literalmente mis ojos de miope, cuando en los 80 proyectaba lo que sería mi vida en el 2000. Me imaginaba pelirroja y con los dientes grandes, pecosa (por alguna extraña razón soñaba con un rostro así muchas noches. Es posible que fuera el de mi madre). No recuerdo qué quería ser, pero sí que para los diecinueve años sería algo. Algo importante, además. Nada más lejos de la realidad ya con veinticinco. Poco queda de los planos de las casas, así que me los invento. La belleza del lugar, revisitado, me estremece. No hay vértigo ahora. Lo hubo en el 98, cuando lo visité por primera vez. Ahora, supervivente de aquel vértigo primero, me identifico más con los perros que se desperezan al sol del invierno que con los posibles protagonistas de la Historia: sólo quiero atrapar momentos, permanecer al margen y dejar que la belleza acaricie dulcemente mi decepción y mi cansancio (y también, por qué no, mi esperanza). Me lamo las heridas a la luz de las machacadas piedras.
*con algunas de las Vedutas de Piranesi como postales previas

sábado, 21 de noviembre de 2009

vacaciones



nos vamos de vacaciones

nos merecemos estas vacaciones (curioso es que el pobre ser humano que escribe estas líneas no haya podido completar en 6 meses la crónica de sus vacaciones de verano...)

estamos tan cansados que no tenemos ganas

pero no hay escapatoria

nos espera una pipa de agua en el puente karaköy en estambul, viendo el bosforo y uno de los skylines más bonitos del mundo, sentirnos nada en santa sofía y en la mezquita azul, pasar horas en los puestos de libros de viejo de beyazit y en las librerías de istiklal, volver a ver san salvador en chora, hartarnos de berenjenas, de queso, de pistachos y de albaricoques (y ver si se vuelve a confirmar el hecho de que enrique sea turco para los griegos y griego para los turcos)

nos espera el ghetto veneciano, perdernos felizmente por las callejuelas entre la niebla hasta llegar a campo santa margherita, tintoretto y canaletto, la fundación peggy guggenheim, la polenta, la rúcula y los pulpitos, el palazzo grassi, los mosaicos de san marcos

nos espera el aperitivo florentino a partir de las 19:00, la bistecca y la vista desde los járdines de bóboli, probar vinos y setas, buscar trufa blanca para eduardo, mucho mármol de colores, la galleria de los uffizi y el pecorino, la ciudad reflejada al atardecer en el arno

subir al cementerio de génova y ver desde allí el mar y la ciudad entera, los callejones del puerto antiguo, apenas grietas sobre el asfalto más que lugares de paso, la via del campo y fabrizio de andré, hartarnos de cervezas en la piazza delle erbe entre semana, un buen pesto, el cappon magro de pescado con salsa de nueces

mi inglés y mi italiano fuleros (entiendo todo pero no hablo nada, que si nos toca algo raro, sea prestar ayuda en lugar de pedirla)

poder volver juntos a lugares maravillosos

poder volver

poder juntos



viernes, 23 de octubre de 2009

domingo 14 de junio, etna, catania





domingo 14 de junio, etna, catania

el desayuno del hotel tiene un aspecto estupendo pero no podemos catarlo porque nos vienen a buscar para llevarnos de excursión media hora antes de lo previsto, para aguantar la mañana me echo al bolso unos cornettos de chocolate y unos plátanos

tengo resaca y el estómago fatal

y la naturaleza me inquieta y más en verano, con todos los insectos en su plenitud (hacemos esta excursión por enrique, yo hubiera preferido pasar el día en siracusa)

en un todoterreno color caqui nos esperan el guía y una chica argentina (luego, en la cima del volcán, nos contará su viaje de casi dos meses por europa: berlín, hamburgo, amsterdam, bruselas, parís, londres y oxford, viena, roma, nápoles y sicilia, madrid, barcelona y el país vasco, lisboa, oporto...), recogemos a una familia de malteses y nos juntamos con otro jeep en el que van 3 parejas de italianos

conducen peor que mal
el maltés nos suena como el turco

nos explican cosas por el camino, el padre maltés nos habla de la estupenda situación económica de su país, pasamos por nicolosi y zafferana etnea, arrasadas por el volcán en varios momentos de su historia

entramos al parque natural del etna y es una maravilla

el volcán mide 3222 metros, unos 20 más que hace dos siglos, y es el lugar en el que la mitología griega situaba la fragua de hefestos, con sus cíclopes y sus gigantes dándole al martillo y al yunque

hay erupciones documentadas desde hace más de 2000 años y virgilio nos dejó lo que probablemente sea una descripción de primera mano en la eneida:

Portus ab accessu ventorum immotus et ingens
ipse; sed horrificis iuxta tonat Aetna ruinis;
interdumque atram prorumpit ad aethera nubem,
turbine fumantem piceo et candente favilla,
attollitque globos flammarum et sidera lambit;
interdum scopulos avolsaque viscera montis
erigit eructans, liquefactaque saxa sub auras
cum gemitu glomerat, fundoque exaestuat imo.


(Es este puerto grande y está libre del acoso/ de los vientos, mas cerca ruge el Etna en horrible ruina/ y, si no, lanza hacia el cielo negra nube/ que humea con negra pez y ascuas encendidas,/ y forma remolinos de llamas y lame las estrellas;/ otras veces se levanta vomitando piedras y las entrañas/ que arranca del monte y al aire con estruendo amontona/ masas de roca líquida y hierve en el profundo abismo)

hubo erupciones importantes en el 2007 y en el 2008, las explosiones de lava alcanzaron los 400 metros de altura y nuestros guías nos explicaron que seguramente habría otra pronto porque salían de la boca del volcán muchas fumarolas

todo es rojo y negro, salpicado de flores amarillas que despiden un olor muy fuerte y dulzón

las plantas, la mayoría especies endémicas y perfectamente diferenciadas, tienen nombres bonitos: spinosanto, betulla dell´etna, saponaria sicula (osease, siciliana), genista aetnensis (que es esa amarilla de olor dulzón)....

vemos una casa sepultada por el barro de una erupción, los restos de las coladas más recientes, un paisaje absolutamente marciano en las partes más elevadas (negro, rojo, apenas algún arbusto aquí y allá o alguna flor blanca y amarilla; enrique lleva sus sudadera de jamaika clash que es de esos mismos colores), las fumarolas, las nieblas perennes... y de verdad que es precioso, un lugar a la vez espléndido y tremendamente desolado

aún así nos aburrimos un poco porque todo va muy lento

en la bajada entramos a una cueva de lava, nos ponen un caso y menos mal porque enrique se da en la cabeza todos los golpes que es posible darse, tiene unos 600 metros de profundidad y como la entrada es como una especie de tobogán enseguida se pierde la referencia de la luz

no me gustan las cuevas, pero como hay gente en el grupo a la que le gustan aún menos que a mí, nos volvemos sin llegar andar los 600 metros

tras todas las paradas de rigor (en la tienda de los colegas de los guías para que compremos miel, pisto de pistacho y cosillas así que no compramos, en el hotel de los malteses...), llegamos a nuestro hotel

antes de bajarnos, el guía nos pregunta que dónde vamos después y le contamos que a nápoles y nos dice que es una ciudad de mierda, un sitio peligroso, un sitio terrible que no representa al resto de italia (jódete y baila)

tras la ducha de rigor, y con un calor insoportable, nos comemos unos arancini y unos cannoli en una heladería en la plaza de la universidad, andamos un poco, nos tomamos un café con panna, cogemos (horror) un trenecito turístico, recorremos calles que nos recuendan una barbaridad a la ciutat vella de barcelona, vemos el teatro, el anfiteatro, la basílica inacabada, el convento de los capuchinos (hoy la facultad de letras, donde estuvieron de erasmus un par de amigas mías), compramos unos imanes de sicilia, nos echamos una cerveza frente al teatro bellini, cenamos (yo muy poco, por alguna extraña razón tengo un nudo en el estómago), viendo un partido de españa (están muy de moda en estos lares los televisores gigantes en las terrazas de bares y restaurantes), nos vamos a acostar

en nuestro hotel hay una fiesta de fin de curso y todo está lleno de adolescentes borrachos y la música a tope y el recepcionista cubano (que previamente, muy gentil, ha chorizado 2 botellas de vino de la bodega del hotel para regalárnoslas) le dice a enrique que tenga cuidado, que hay chicas muy guapas
y enrique no las ve (o no le parecen para tanto, o eso me dice) porque al pobre todavía, después de tantos años, yo le sigo pareciendo más guapa que nadie (o eso me dice)






lunes, 19 de octubre de 2009

sábado 13 de junio, catania





sábado 13 de junio, catania
no madrugamos y desayunamos bastante en el buffet (el desayuno del hotel de palermo era un tanto espartano, así que mola reencontrarse con el yogur, los huevos duros, las tostadas, los zumos, la fruta, el queso...), bajamos en bus a pillar el tren
tontamente suponemos (en realidad supongo, porque yo soy la encargada de transportes y logística) que taormina estará muy bien comunicada con catania (error: esperamos casi 2 horas; eso sí, viendo el mar, oyendo música, hablando con una señora inglesa muy simpática)
nuestra primera impresión es que catania es un desastre, por mucho que desde la estación también se vea el mar
vamos andando hasta nuestro hotel (estupendo, por cierto) y la última cuesta casi nos mata, andamos la via 6 de aprile y la via antonino di sangiuliano y a medida que avanzamos por esta última la ciudad se va refinando (de desastrón a cosa fina)
la recepcionista del hotel es una chica muy simpática, muy morena y que habla muy alto y que nos informa de que su relevo habla castellano (es cubano)

desde el balcón de nuestra habitación también se ve el mar, patios y tejados de casas
antes de salir a la calle nos perdemos (subimos a buscar el jacuzzi de la azotea, bajamos por donde no debemos, nos quedamos encerrados en un patio, nos rescata una pareja española)
andamos buscando un sitio para comer entre edificios negros y blancos
el etna ha sepultado catania en varias ocasiones, de hecho tuvo que ser prácticamente reconstruida en su totalidad después de la erupción de 1693, hoy todo el centro histórico es de estilo barroco tardío enlucido con ceniza volcánica y es verdaderamente bonito (en nuestra ruta nos acordamos de que alguien nos dijo que no merecía mucho la pena y alucinamos con su ojo clínico)
comemos ensalada de pescado, carpaccio de pez espada y pizza en un lateral de la catedral, vemos la plaza de la universidad, el mercado de la pescheria, el del carmine, el duomo, el elefante símbolo de la ciudad (que en principio carecía de sexo, como los ángeles, pero tuvieron que añadirle un par de testículos a posteriori porque los hombres cataneses se sintieron insultados en su virilidad), andamos via etnea, vemos el anfiteatro romano, villa bellini...
volvemos al hotel a contratar una excursión al etna para el día siguiente y charlamos con el recepcionista cubano (que es un poco petardo pero majo y nos cuenta parte de su vida y de sus circunstancias y que no le gusta vivir aquí porque no puede vivir tranquilo)

nos mete un poco demiedo en el cuerpo cuando nos dice que evitemos todo un barrio (un barrio de paso, uno de los más antiguos de catania, que está a 3 minutos de nuestro hotel) porque según él ese barrio pertenece a la mafia (me hago a la idea de que será un poco como la sanitá en nápoles pero a lo bestia) y que allí cada chaval tiene su pipa para procurarse pasta que le permita echar gasolina al motorino, un collar de pinchos para su perro de presa, un poco de farlopa... esas cosas (la caricatura del tópico, ya de por sí una caricatura, pero por lo que se ve alarmantemente cierto)
en una web encuentro este fragmento que me sirve un poco para localizar el asunto a linea dei pub del centro storico rappresenta quasi un confine, il cui lembo estremo è l'antica circonvallazione (oggi via Plebiscito, popolata di venditori di carne alla piastra e di stigghiole), oltre il quale si trovano i quartieri degradati di San Cristoforo e Angeli Custodi

por lo que leo a posteriori en lugares varios, los dos últimos, sobre los que nos ponía en aviso nuestro colega de la recepción, son los barrios de la mafia por antonomasia (como son lo zen en palermo, scampia y secondigliano en nápoles, san paolo en bari, corvo en catanzaro, paradiso en brindisi o librino en la misma catania) y conviene andarse con cuidado porque los visitantes no son bienvenidos

es tan sencillo como no ir; es tan brutal como asumir que esa frontera en el mismo centro de la ciudad existe realmente
vamos a comprar unas zapatillas para mí para la excursión del día siguiente
nos vamos a conocer la famosa movida catanesa
localizamos el pub nievski en la escalinata alessi, el más antiguo de catania, con su aire filo-comunista y macarrilla
andamos calles llenas de bares y restaurantes alrededor del teatro massimo, cenamos pizza, quedamos con mario (el milanés que conocimos el día anterior), nos vamos a echar unos bebibles (yo sigo con la cerveza, ellos beben mohitos)
verdaderamente el ambiente está muy bien, muchos bares, mucha gente, mucho ruido, algo muy parecido a lo que es un sábado noche en cualquier ciudad española, pero una rareza en italia
mario no está muy acostumbrado a beber así que se empipa un poco, se ríe, es muy majo, estamos a gusto
duerme al lado de la estación de trenes, así que cogemos antonino di sangiuliano en direcciones opuestas, son cerca de las 3 y media y mañana madrugamos todos: nosotros para ir de excursión al etna, él para coger el avión a milán y cerrar una importante operación inmobiliaria con una clienta rusa
qué cosas
sospecho que nuestra resaca será más llevadera





sábado, 17 de octubre de 2009

viernes 12 de junio, taormina





prefiero (supongo que como casi todo el mundo) a la gente que no puede evitar a veces enfadarse (incluso en público!), sorojarse, decir alguna inconveniencia, a la que tiene ataques de risa descontrolada, a la que se emborracha, a la que siempre piensa que tiene algo de lo que arrepentirse, a la que erra (mi padre siempre confunde "error" con "horror" y me parece un hallazgo maravilloso), a la que se ensucia, a la que no siempre comprendo a la primera

no me gusta el descontrol especialmente pero sí la humanidad

con las ciudades me pasa igual

el viaje en tren desde palermo a taormina es largo

antes de llegar hacemos escala en mesina, antes de montarnos en tren el taxista que nos lleva a la estación (innecesariamente porque el camino es muy corto) se queda con nuestro cambio
el tren nos deja en giardini naxos y tenemos que esperar a que llegue un bus que nos suba hasta taormina

mientras, en la parada, conocemos a mario, un milanés que vivió en argentina y que no tiene más que ganas de practicar su castellano

hablamos un rato con él y nos damos los teléfonos para vivir a la noche siguiente en amor y compañía la famosa "movida catanesa"

me fijo en una pareja joven con la que hemos venido en el tren, con la que vamos en el bus, con la que nos cruzaremos varias veces más a lo largo del día y saco la conclusión de que son griegos

curvas, curvas, los hoteles carísimos recomendados en el tripadvisor, nuestro hotel (acertadamente descrito en la misma página por un huésped como "algo como el peor motel americano pero con una piscina preciosa", que no llegamos a utilizar)
dejamos las cosas y echamos a andar, comemos porquerías en una gasolinera, vemos paraguayos pequeñísimos carísimos, andamos la ciudad entera (impresionante, bonitísima) que es una calle larga con un calor infame, pagamos 6 euros por un puto café y 5 euros por el cedé de ayuda a los abruzzos (perro mundo), localizamos el teatro griego (que está tapado porque empieza el taormina film fest y no sentimos nada parecido al síndrome de sthendal)

ahora, repasando las fotos para colgarlas en el blog, la ciudad me parece mucho más bonita de lo que me pareció allí

siempre suele ser al revés y ver las fotos y enseñarlas y dar la coña a amigos y hermanos, va acompañado indefectiblemente de comentarios del tipo "las fotos no le hacen justicia" o "no llegan a captar lo que deben" o cosas de ese pelo

taormina es una ciudad muy bonita y tremendamente fotogénica, pero nos da pereza y un poco de aburrimiento

el etna y el mar de la bahía de naxos desde el mirador de la piazza 9 de aprile me gustan inevitablemente y también a enrique aunque se empeña un poco en que no le guste nada de esta ciudad de mentirijillas (y el nombre: taormina, también sensual como palermo)
no podemos contratar desde ellí la excursión para subir al etna pero aún así damos muchas vueltas intentando encontrar unas zapatillas para mí

bajamos a la playa de isola bella en el teleférico (la marea está baja así que no es isola bella sino península bella)
la playa es de piedras y duele

enrique se baña y yo no, y me dedico a hacer fotos al erizo césar y a mí misma en un ataque de coquetería (todas horrendas, por cierto, a pesar de mi biquini rojo nuevo, creo que me pasa lo contrario que a la ciudad), a la roca, al mar transparente, a las olas rompiendo contra las piedras

volvemos al hotel y buscamos un sitio para cenar, corso vittorio enmanuel arriba, corso vittorio enmanuel abajo, más fotos desde el mirador (el etna, el mar, el atardecer), las tiendas llenas de coral, de limoncello, de cerámica de colores, los balcones petados de flores, las enredaderas, la gente muy arreglada, una procesión con san antonio en volandas y la banda municipal, una terraza junto al mirador, pescado, ensaladas y vino blanco, desasosiego cero, más que suficiente con un día de visita, la belleza sin misterio tiene poco recorrido
en la habitación de al lado han colgado el cartelito de no molestar y cuando salgo a echarme un cigarro al balcón veo a una pareja bastante entrada en años bebiéndose una botella de champán, nos deseamos good night, no me llego a acabar el cigarro para dejarlos solos, lo de menos es que desde nuestros balcones sólo se vea una pared blanca, el carrito del jardinero, todos sus aperos y dos pinos tristones



jueves, 8 de octubre de 2009

jueves 11 de junio, agrigento, palermo




jueves 11 de junio, palermo, agrigento madrugamos más que ningún día hemos tratado durante los dos días anteriores de contratar una excursión a segesta y agrigento, porque combinar por nuestra cuenta los dos yacimientos es complicado


nada y yo, a pesar de eso, me alegro de que no hayamos alquilado un coche al final tenemos que conformarnos con ir a agrigento a ver el valle de los templos (que sabe dios que no es poco) y nos toca madrugar un montón y chuparnos 3 horas de tren para ir y otras tantas para volver en la estación compramos manzana desecada en una máquina expendedora y en las teles que hay nos bombardean con trailers de resacón en las vegas y de otra película que no recuerdo y con anuncios de una ong en la primera parada, begheria (ahora en la mostra de venecia se acaba de presentar una peli producida por berlusconi y rodada en esa ciudad), se monta en el tren una clase entera de niños de unos 4 años con sus respectivas mamás y papás, que hacen mucho ruido pero me gusta (descubro en ellos otro lugar común tranquilizador)



vamos hacia el interior y atravesamos campos de cereales, montañas considerables, algunas estaciones fantasma, una que se llama cerda y nos hace mucha gracia porque somos así la ciudad, agrigento, no es apetecible en absoluto, por mucho que aquí viviera empédocles y naciera pirandello (en un suburbio llamado kaos, por cierto) el valle de los templos, sin embargo, es una auténtica maravilla, a pesar del calor de mil demonios, de que lo visitamos de 12 a 16 horas y el sol nos quema, de que nos bebemos 3 botellas de litro y medio entre los 2 en esas 4 horas, de que antes nos hemos comido un par de arancinos un poco reguleros que no nos han dejado buen cuerpo una maravilla: se ve el mar, el cielo es de un azul muy profundo, la piedra color arena, las flores amarillas, las chumberas, los templos..., de no haber sido por el calor (y por las prisas) me hubiera encantado tumbarme debajo de un olivo, sacar un libro, echar ahí un par de horas los yacimientos arqueológicos, igual que los museos, igual que las clases de niños de 4 años con sus papás y sus mamás, tienen un impacto absolutamente tranquilizador sobre mi ánimo después vamos al museo arqueológico, que nos gusta, comemos en un jardín a la sombra, salimos al sol y entramos a una de las necrópolis, pillamos el bus, pillamos el tren, volvemos a palermo palermo es un nombre sugerente, sexy incluso, sensual (supongo que porque ya sólo pronunciar ese "..erm.." obliga a autoacariciarse el paladar, cosa que si se hace muy despacito y marcando mucho la sílaba en cuestión produce un agradable cosquilleo) echamos algunas fotos, volvemos a ver san cataldo, vamos a cenar por ahí, se nos hace medianamente tarde en los bares de via candelai criticando a la juventud de la zona (lo de los cuellos subidos, la pose constante, lo bajito que hablan...) siempre pensamos en a qué nos recuerdan las ciudades en las que estamos, buscamos analogías



aquí, la playa amplia nos recuerda a tánger, los mercados destartalados a los de monastiraki en atenas, los callejones de los barrios viejos de albergueria, de capo, de la kalsa, a centro habana nos gusta palermo, nos genera ternura (el poco palermo que hemos visto estos días) porque parece que está a punto de derrumbarse, como un frágil ecosistema, como un animal herido (herido a pesar de tener la más bonita de las pieles)

echo tremendamente de menos la inconsciencia de mis primeros viajes: pasear por el tarlabaçi de estambul (el barrio al que no hay que ir) tranquilamente, no ver casi nada en lisboa pero disfrutar cosa mala y despistarnos en los anjos y en el barrio da liberdade, perdernos en barrio da sé de oporto (que por otro lado era lo más bonito de la ciudad), no sentir amenaza alguna, tener siempre más ganas que miedo

me doy cuenta de que me sobra información, cada vez más, en todos los sentidos


pero también de que es inevitable que eso suceda, y de que lo que distingue a un turista de alguien que no lo es, aquí y en todos los sitios, es que sonríe más que el resto, a veces incluso ante cosas y personas que no merecen sonrisa alguna