jueves, 24 de febrero de 2011

un poema de edmond jabès*



3. Yo soy el aliento de mis libros... Yo soy el aliento de mis libros, como el viento precipitado en el mar. Cada ola es de espuma y de agua suspendida; todo valor, el que el cielo adopta; pero al alzar la ola, al inventar su forma y su ribete, el viento renace con ella, recorre a su lado el océano hasta el agotamiento. Su potencia le viene de fuera, pero su voluntad le es propia.


*con "edmond jabès en parís" de anatoli lvovich kaplan

sábado, 19 de febrero de 2011

el mar para los griegos y la receta de la sopa de piedra en el "breviario mediterráneo" de predrag matvejevic

Los GRIEGOS tenían varios nombres para el mar: hals es "sal", el mar como materia; pelagos es "alta mar", el mar como escenario; pontos es el mar como extensión o camino; thalassa es el concepto general (de origen desconocido, quizá cretense o micénico), el mar como experiencia o suceso; kolpos es el "seno" o "amparo", y de una manera familiar indica la parte del mar que abraza la costa, la cala o la bahía; laitma es la profundidad marina, apreciada por los poetas y los suicidas. En los textos de diversos narradores, todos estos terminos se añaden uno a otro, de manera que así compuestos multiplican su propio significado: materia-presencia, profundidad-extensión, camino-alta mar, escena-suceso, y de este modo hasta el infinito, como las mismas formas del mar se completan y se trasvasan de una a otra. Esto revela la abundancia y la riqueza de experiencias que los antiguos helenos alcanzaron viviendo en el Mediterráneo, navegando por él, celebrándolo y temiéndolo.

(...)


Una mención especial merece, en esta ocasión, la sopa de piedra, que he probado varias veces , y de la que me siento obligado a añadir la receta: de un sitio adecuado, donde el mar esté limpio y no sea muy profundo, coger dos o tres pedruscos, ni demasiado grandes, ni muy pequeños, que estén ya ennegrecidos por su larga permanencia en el agua, si es posible con cavidades en las que a veces habita un cangrejito. Cocerlos durante mucho tiempo en una olla, en agua dulce o, aún mejor, en agua de lluvia, hasta que se desprenda todo lo que los recubre por fuera y por dentro. Al final se le puede añadir una hojita de laurel, una ramita de tomillo, una cucharada de vinagre y otra de aceite de oliva. Si se han elegido las piedras adecuadas, que hayan permanecido mucho tiempo en el mar y se hayan impregnado de éste, no será necesario salarla. Este tipo de sopa, conocida en las islas pobres de los mares Egeo, Jónic y Adriático la preparaban los pueblos pelasgos, ilirios y liburnos. La sopa de piedra es tan antigua como la pobreza en el Mediterráneo.


viernes, 11 de febrero de 2011

y este sábado...


Este sábado 12 de febrero a partir de las 20 horas en el Museo WÜRTH de Agoncillo (La Rioja), Benjamín Larrea presentará su trabajo de vídeo-arte y fotografía sobre la India El río sensible. Las imágenes que en él se muestran han sido realizadas a lo largo de diferentes viajes realizados allí desde 1981 y recogen los más diversos aspectos del país. A ocho poetas, entre los que me encuentro, junto a mi compañera del metal Sonia San Román, y a Teresa Sebastián, Pilar González España, Peter Wessel, Desiderio C. Morga, Francis Quintana, Ángel María Fernández y Juan Carlos Blancas, se nos ha invitado a que escribamos sobre las diferentes imágenes agrupadas por temas. El trabajo conjunto ha dado lugar a la citada presentación, que aunará vídeo-arte, fotografía, paisaje sonoro y lectura de poemas.

Parece ser que las entradas llevan días agotadas. Yo, que me apunto a un bombardeo, he de confesaros que después de apuntarme a este casi he sudado tinta para encontrar las palabras con las que acompañar a esas imágenes, a pesar de que el tema bajo el que se agrupan las mías, La búsqueda, me pareció en su momento apetecible y relativamente asequible. Finalmente, a falta de palabras propias, he recurrido a los versos de 18 poetas (18 poetas para 18 imágenes) pertenecientes a la generación beat e influenciados en su mayoría por su interés por las filosofías orientales y por sus viajes a la India (espero no haberlos estropeado mucho al mezclarlos con los míos). Con la excusa, he leído cosas muy molonas estos días, entre ellas estos versos levanta-espíritus de Michael McClure, que me he ido repitiendo cada vez que el mío iba decayendo:



Sabemos que no somos naufragios

sino momentáneos y radiantes

dioses.




lunes, 7 de febrero de 2011

un poema de valerio magrelli



Por la tarde, cuando queda poca luz,
oculto en mi cama,
capturo perfiles de razonamientos
que fluyen sobre el silencio de mis
miembros.
Aquí es que debo tejer
el tapiz del pensamiento
y disponiendo los hilos de mí mismo
dibujar conmigo mis contornos.
No soy el autor de una obra,
sino apenas un obrero.
Primero el papel, luego el cuerpo.
Generar la forma del pensamiento,
cortarla a medida.
Pienso en un sastre
que fuera él mismo su tela.