lunes, 31 de octubre de 2011
jueves, 27 de octubre de 2011
un poema de pablo casares

Zoom
Ciertos momentos
hay que observarlos
con detenimiento.
Encuadrar la escena
y prestar atención:
el sol transfiriendo
un mensaje cifrado
a través de las sábanas,
el viento que roza la mañana,
como si la realidad
estuviera sostenida
por dos puntos:
uno común
y el otro gemelo,
hecho de sueños.
hay que observarlos
con detenimiento.
Encuadrar la escena
y prestar atención:
el sol transfiriendo
un mensaje cifrado
a través de las sábanas,
el viento que roza la mañana,
como si la realidad
estuviera sostenida
por dos puntos:
uno común
y el otro gemelo,
hecho de sueños.
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miércoles, 26 de octubre de 2011
memoria para todos* (y poemas)

*Así no se llama el texto que publicó ayer en uno de sus blogs (en éste) Isabel Bono, pero eso pide. El texto en realidad se llama Memoria de futuro y dice esto:
El miércoles 20 de octubre de 2021, algún diario tendrá la feliz ocurrencia de publicar una encuesta masiva a personajes destacados: ¿Dónde estaba usted el 20 de octubre del 2011? ¿Qué fue lo primero que pensó y en quién?
Como no sé si voy a llegar a 2021, y sé de sobra que jamás seré un personaje destacado, respondo ya: estaba en un hotel de Granada y pensé en la felicidad tan grande que habría sentido mi suegra al conocer la noticia.
Mi suegra murió con 89 años en febrero del 2009, días antes de cumplir los 90. Vivía con una radio siempre cerca, leía los periódicos, estaba al día de lo que pasaba en el mundo más que yo y me lo contaba después con entusiasmo. Creo que era la única persona, al menos de las que conozco, que se emocionaba cada año escuchando las buenas palabras de los galardonados en los Premios Príncipes de Asturias. Esperaba la noticia de la disolución de ETA cada día. Mi suegra era vasca.
A Isaac Puente, su padre, médico anarquista, lo mataron en el 36. No les dejaron sacar nada de casa, ni la ropa de invierno, recordaba. Sólo la máquina de coser para que pudieran ganarse la vida. Mi suegra es la única persona que he conocido que no odiaba a nadie.
En el 96 fuimos a Maestu a un homenaje. No había vuelto desde entonces. Tuvo que dar un discurso improvisado. Dijo que al principio no sabía bien qué se iba a encontrar, pero que se alegraba de estar allí y que los quería mucho a todos. Nunca he conocido a una persona más generosa.
El pasado día 20 también me acordé de Elvira, la mujer de Martín Carpena. De cuando mi tía me llevaba al cine y ella se traía a su hermano pequeño. De lo joven y lo guapa que era, de cómo imaginaría entonces el futuro.
Estos días sólo se habla de recordar, de no olvidar a las víctimas y a sus familiares, que también lo son. No puedo estar más de acuerdo. No hay que olvidar ninguno de esos nombres para que nos recuerden cada día que eso no puede volver a pasar.
Que no se olviden de nadie, que hablen, que hablen mucho. Hablando sin gritar se arregla todo, decía mi suegra.
Los nietos de Isaac Puente siguen buscando su cuerpo.
Como no sé si voy a llegar a 2021, y sé de sobra que jamás seré un personaje destacado, respondo ya: estaba en un hotel de Granada y pensé en la felicidad tan grande que habría sentido mi suegra al conocer la noticia.
Mi suegra murió con 89 años en febrero del 2009, días antes de cumplir los 90. Vivía con una radio siempre cerca, leía los periódicos, estaba al día de lo que pasaba en el mundo más que yo y me lo contaba después con entusiasmo. Creo que era la única persona, al menos de las que conozco, que se emocionaba cada año escuchando las buenas palabras de los galardonados en los Premios Príncipes de Asturias. Esperaba la noticia de la disolución de ETA cada día. Mi suegra era vasca.
A Isaac Puente, su padre, médico anarquista, lo mataron en el 36. No les dejaron sacar nada de casa, ni la ropa de invierno, recordaba. Sólo la máquina de coser para que pudieran ganarse la vida. Mi suegra es la única persona que he conocido que no odiaba a nadie.
En el 96 fuimos a Maestu a un homenaje. No había vuelto desde entonces. Tuvo que dar un discurso improvisado. Dijo que al principio no sabía bien qué se iba a encontrar, pero que se alegraba de estar allí y que los quería mucho a todos. Nunca he conocido a una persona más generosa.
El pasado día 20 también me acordé de Elvira, la mujer de Martín Carpena. De cuando mi tía me llevaba al cine y ella se traía a su hermano pequeño. De lo joven y lo guapa que era, de cómo imaginaría entonces el futuro.
Estos días sólo se habla de recordar, de no olvidar a las víctimas y a sus familiares, que también lo son. No puedo estar más de acuerdo. No hay que olvidar ninguno de esos nombres para que nos recuerden cada día que eso no puede volver a pasar.
Que no se olviden de nadie, que hablen, que hablen mucho. Hablando sin gritar se arregla todo, decía mi suegra.
Los nietos de Isaac Puente siguen buscando su cuerpo.
El texto me gusta, todos sus blogs también (son algunas de las mejores playas que os enlazo: la de la coleccionista de piedras; la de la registradora de sueños; la de la mujer que todos los días, buenos y malos y regulares, se tropieza con un poema). Y sus poemas, muchísimo (estos tres son de Algo de invierno, Luces de gálibo, 2011). Pero sobre todo me gusta ella.
ahuyentamos el miedo
descorriendo las cortinas
para que entre luz calor piedad
mientras esperamos
el infierno crece
descorriendo las cortinas
para que entre luz calor piedad
mientras esperamos
el infierno crece
*
se acabaron las ganas
de llenarme la boca
con otras lenguas
para este amor
un idioma será suficiente
de llenarme la boca
con otras lenguas
para este amor
un idioma será suficiente
*
deseo decir no
como dicen las cigarras al invierno
deseo no hacerme preguntas
ni qué identidad me aprieta
ni a cuál desaloja
no deseo la verdad
sino una tregua
como dicen las cigarras al invierno
deseo no hacerme preguntas
ni qué identidad me aprieta
ni a cuál desaloja
no deseo la verdad
sino una tregua
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domingo, 23 de octubre de 2011
txoria txori - mikel laboa
si le hubiera cortado las alas
hubiera sido mío
no habría escapado
pero así,
habría dejado de ser pájaro
y yo...
yo lo que amaba era un pájaro
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jueves, 20 de octubre de 2011
un poema de pere gimferrer

By love possessed
Me dio un beso y era suave como la bruma
dulce como una descarga eléctrica
como un beso en los ojos cerrados
como los veleros al atardecer
pálida señorita del paraguas
por dos veces he creído verla su vestido
(estampado el bolso el pelo corto y
(aquella forma de andar muy en el
borde de la acera.
En los crepúsculos exangües la ciudad es un torneo
de paladines en cámara lenta
sobre una pantalla plateada
como una pantalla de televisión son las imágenes
de mi vida los anuncios
y dan el mismo miedo que los objetos volantes
venidos de no se sabe
dónde fúlgidos en le espacio.
Como las banderolas caídas en los yates de lujo
las ampollas de morfina en los cuartos cerrados de los hoteles
estar enamorado es una música una droga es como
escribir un poema
por ti los dulces dogos del amor y su herida carmesí.
Los uniformes grises de los policías los cascos
las cargas los camiones los jeeps
los gases lacrimógenos
aquel año te amé como nunca llevabas un
vestido verde y por las mañanas sonreías
Violines oscuros violines de agua
todo el mundo que cabe en el zumbido de una línea telefónica
los silfos en el aire la seda y sus relámpagos
las alucinaciones en pleno día como viendo fantasma luminosos
como palpando un cuerpo astral
desde las ventanas de mi cuarto de estudiante
y muy despacio los visillos
con antifaz un rostro me miraba
el jardín un rubí bajo la lluvia
dulce como una descarga eléctrica
como un beso en los ojos cerrados
como los veleros al atardecer
pálida señorita del paraguas
por dos veces he creído verla su vestido
(estampado el bolso el pelo corto y
(aquella forma de andar muy en el
borde de la acera.
En los crepúsculos exangües la ciudad es un torneo
de paladines en cámara lenta
sobre una pantalla plateada
como una pantalla de televisión son las imágenes
de mi vida los anuncios
y dan el mismo miedo que los objetos volantes
venidos de no se sabe
dónde fúlgidos en le espacio.
Como las banderolas caídas en los yates de lujo
las ampollas de morfina en los cuartos cerrados de los hoteles
estar enamorado es una música una droga es como
escribir un poema
por ti los dulces dogos del amor y su herida carmesí.
Los uniformes grises de los policías los cascos
las cargas los camiones los jeeps
los gases lacrimógenos
aquel año te amé como nunca llevabas un
vestido verde y por las mañanas sonreías
Violines oscuros violines de agua
todo el mundo que cabe en el zumbido de una línea telefónica
los silfos en el aire la seda y sus relámpagos
las alucinaciones en pleno día como viendo fantasma luminosos
como palpando un cuerpo astral
desde las ventanas de mi cuarto de estudiante
y muy despacio los visillos
con antifaz un rostro me miraba
el jardín un rubí bajo la lluvia
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miércoles, 19 de octubre de 2011
chencho fernández y los milagro - spanish bombs*
*El otro día en Carne Cruda (si no recuerdo mal en este programa) escuché esta canción. Es una versión del clásico de los Clash Spanish Bombs y forma parte del recopilatorio Sevilla Calling (como su propio nombre indica, un homenaje al London Calling realizado por grupos de Sevilla). Y me gustó mucho. Todo el mundo ha versionado a The Clash. Me vienen a la cabeza el Bilbo llama de Macarrada (que se puede encontrar en Muerte o gloria. Tributo a The Clash); el The Guns of Brixton de Fabulosos Cadillacs y el de Nouvelle Vague; el Rock the Casbah de Rachid Taha; el Luché contra la ley de Loquillo; el Jimmy Jazz de Kortatu; el Know your Rights de Primal Scream... Y otro día más.
martes, 18 de octubre de 2011
un poema de iván tubau*

Patria
Nací
en un tiempo triste y en un triste país
donde las cosas bellas tenían nombres feos
donde pecado
era el nombre que daban al amor y donde
tristes gentes hablaban de la guerra y se tocaban
el sexo en las tinieblas y con prisas furtivas
en la noche del sábado tras haber contraído
matrimonio buscando
patrimonio y remedio
a la concupiscencia o a la sífilis.
Nací en un tiempo triste
y en un triste país
donde la gente iba vestida
de negro casi siempre
y llevaba bigotes cuadrados en el alma. Donde
ya no servían los nombres de las cosas
porque las cosas estaban prohibidas
o eran obligatorias: levantar el brazo
con la mano extendida
para que los brazos no pudieran
abrazar y las manos
llegaran siempre tarde a la caricia.
Nací en un tiempo triste y en un triste país
donde los niños se llamaban flechas
o pelayos cuando eran ya mocitos
y llevaban camisa
azul y la cabeza
rapada por la parte de dentro y por defuera:
mitad monje y soldado les decían
que tenían que ser cuando crecieran
y hubieran de avanzar gallardamente
por Dios hacia el Imperio o viceversa.
Nací en un tiempo triste y en un triste país
donde las niñas
se llamaban Begoña y aceptaban
mansamente un futuro
de monjas o matronas gordezuelas
cuando la superiora colocaba
duros sostenes sobre sus tetas tiernas
y más duros aún sobre la parte
más tierna del cerebro para que las ideas
no desbordaran nunca el límite preciso
de su destino de mujer: virgen o madre
y si fuera posible las dos cosas.
Nací
en un tiempo triste y en un triste país:
abjuro para siempre
jamás de aquella patria
donde un millón de muertos velaban el cadáver
de los supervivientes.
Nací
en un tiempo triste y en un triste país
donde las cosas bellas tenían nombres feos
donde pecado
era el nombre que daban al amor y donde
tristes gentes hablaban de la guerra y se tocaban
el sexo en las tinieblas y con prisas furtivas
en la noche del sábado tras haber contraído
matrimonio buscando
patrimonio y remedio
a la concupiscencia o a la sífilis.
Nací en un tiempo triste
y en un triste país
donde la gente iba vestida
de negro casi siempre
y llevaba bigotes cuadrados en el alma. Donde
ya no servían los nombres de las cosas
porque las cosas estaban prohibidas
o eran obligatorias: levantar el brazo
con la mano extendida
para que los brazos no pudieran
abrazar y las manos
llegaran siempre tarde a la caricia.
Nací en un tiempo triste y en un triste país
donde los niños se llamaban flechas
o pelayos cuando eran ya mocitos
y llevaban camisa
azul y la cabeza
rapada por la parte de dentro y por defuera:
mitad monje y soldado les decían
que tenían que ser cuando crecieran
y hubieran de avanzar gallardamente
por Dios hacia el Imperio o viceversa.
Nací en un tiempo triste y en un triste país
donde las niñas
se llamaban Begoña y aceptaban
mansamente un futuro
de monjas o matronas gordezuelas
cuando la superiora colocaba
duros sostenes sobre sus tetas tiernas
y más duros aún sobre la parte
más tierna del cerebro para que las ideas
no desbordaran nunca el límite preciso
de su destino de mujer: virgen o madre
y si fuera posible las dos cosas.
Nací
en un tiempo triste y en un triste país:
abjuro para siempre
jamás de aquella patria
donde un millón de muertos velaban el cadáver
de los supervivientes.
*con fotografía de Francesc Catalá-Roca
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