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viernes, 31 de agosto de 2012

un poema de antonio arias





Dos cosmogonías

No vemos con los ojos,

esos tubos de rayos catódicos

reparten señales sin sentido

por mil puntos del cerebro.

Sólo el corazón sabe mirar.

Leia, ciega princesa que aún no ha nacido,

no te pierdes nada.

No canto para que veas.

Canto para que te quedes.

No es el vencedor

quien maneja la imprenta.

Ni la mayor subversión,

ni la mayor protesta.

Los recuerdos los graba el alma,

y no el triunfador de esta guerra.

Tú y yo:

dos cosmologías.


*incluido en Nos basta mirar por la ventana, número 116 de la Colección Planeta Clandestino, que se presentará este sábado 1 de septiembre en el Café de la Luna a partir de las 20 horas, dentro del VIII Agosto Clandestino.







lunes, 14 de noviembre de 2011

omega - morente y lagartija nick




Ayer vimos La voz dormida. Me gustó bastante menos que el libro de Dulce Chacón, pero se dejó ver (un poco por las actrices protagonistas, otro poco porque la historia es tremenda y, sobre todo, porque creo que no deja de ser una película necesaria). En cualquier caso, da un poco de rabia que en este país todavía no hayamos aprendido a hacer buenas pelis sobre nuestros peores años, no sé, como si existiera siempre una especie de pretensión de dulcificarlas y de recurrir a la lágrima fácil, como si se desconfiara de los espacios de dulzura (de la buena, de la que también duele) y de la propia capacidad de hacer llorar que la realidad en sí tiene (dicho sea de paso, que me tiré media peli llorando como también me tiré medio libro llorando en su día). Viéndola me acordé, por supuesto, del magnífico libro - disco La tierra está sorda de Barricada, inspirado también en gran medida en el libro de Dulce Chacón (para muestra esta canción, que habla de su protagonista, Tensi) y ampliado luego con abundante bibliografía sobre los represaliados de la dictadura franquista. Pero la canción que me venía todo el rato a la cabeza era Omega, la primera canción del disco homónimo de Enrique Morente y Lagartija Nick. Su oscuridad, su densidad, su rabia, su dolor. Todo eso que remueve y quema.