Como el buen nadador no lucha
con el agua. Extiende un brazo y crece
en ese gesto
y luego
trae el agua hacia sí
batiendo con los pies sin casi hacer espuma
y luego el otro el brazo
en una entrega
parecida al amor
– sin ninguna tensión y con todos
los músculos
activos
sin embargo –.
Escuchando en el agua lo que en el cuerpo
es agua. Naciéndose
en el agua.
Nadándose a sí mismo.
*con fotografía de André Kertész. Hace unas semanas que he empezado otra vez a nadar. Casi había olvidado lo agradable que es flotar, ver bajo el agua (todo el azul, las burbujas, los movimientos de los demás nadadores...); escucharse respirar y el corazón... Sé que seguramente ahora mi estilo deja bastante que desear, pero no importa. Mientras yo nado en la piscina mi niña nada en mi barriga y es muy bonito (juré que me mordería la mano antes de volver a escribir "bonito" en este blog, pero no lo he podido evitar) pensar en ese círculo. Las dos naciéndonos en el agua. Las dos nadándonos a nosotras mismas.
